domingo, 5 de mayo de 2013

Sietemesinas



No me gusta hablar por teléfono. Quienes me conocen lo saben. Sin embargo, desde hace unos meses empezó a ser mi única manera de comunicarme con ella. Mensajes de texto primero, pedidos de permiso para llamarla después y horas, sí, horas de conversación telefónica. Hasta que no te pasa, una no se pone a pensar cómo manejar conversaciones con una amiga que está peleando contra el cáncer. La cabeza se te desordena, no sabés por dónde empezar: cómo estás? Qué te duele? Cómo sigue el tratamiento? Viste cómo llovió? Cuándo te veo? Viste qué grande está mi hijo? Y miles de cosas que una automáticamente ordena en una simple charla, pero que yo no puedo hacerlo tan simple.

“La verdad no quiero que me den más consejos ni que me cuenten experiencias ajenas. Resulta que ahora todo el mundo tiene un pariente que tuvo la enfermedad, y a mi no me interesa saber eso. Esto es como el parto, la experiencia es intransferible” me dijo ayer mientras hablábamos, una vez más, para escucharnos al menos.

Al cortar, me quedé pensando en aquella frase. La vida es una repetición constante. Los ciclos de la vida son reiterativos, rutinarios, odiosos y asombrosos a la vez. La muerte y el nacimiento son dos caras de una moneda que no se contrarian, se complementan. Ella me explicó su pelea con la muerte a través de una acción que trae vida al mundo: parir. Me contó que perdió todo el cabello en un solo día, así de shockeante, y que quedó como una criatura recién nacida. Que tiene las defensas bajas, por lo tanto hay que cuidarla muchísimo de que no se enferme, casi igual que un bebé. Que su tratamiento dura en total casi 7 meses, y que, en este proceso de “gestación” de la cura, tiene que hacer las cosas tal cual lo dice su médico… entonces recién ahí cuando todo esto termine voy a poder verla nacer de vuelta. Sietemesinas, un parto prematuro que esperamos con ansiedad, esperanza, un mundo por delante y un volver a empezar.

Todo lo que queda es crecimiento. Así de circular. Así de difícil pero posible.


sábado, 13 de abril de 2013

Decálogo de la mujer dejada



1- Lloras. Mucho. Tanto que se te hinchan los ojos. La careteas con los demás “era un forro, ya no daba” “ahora me doy cuenta de lo bien que estoy sola” “a ver si la mina con la que está le banca el olor a pata”. Seguís llorando cuando nadie te ve. Te mirás al espejo y ves un espanto de cara, pelo y bigotes. Decidís maquillarte. Ya no llorás tanto. Te tomás las medidas: 80-110-185. Sos un triángulo. Empezás la dieta enserio.
2- Etapa de autoconvencimiento: 3 kilos bajados, soy una diosa! Salís a buscar chongos.  No estás acostumbrada a caminar con tacos, te tropezás feo. Sonreís, tenés un diente pintado y no te diste cuenta. Se te salta el esmalte de uñas con el brackets cuando intentás acomodarte el alambrecito que se te corrio. Caminas sensual mientras podés. Te gritan “mamaza, con ese culo vení a cagar a casa”. Te angustiás. No te levantaste ni a la mañana.
3- Arranca la etapa de cursos: Fotografía 1, Instructorado de Pilates con base de Reiki y Meditación Coreana, Repostería Moderna para la Mujer Fácil y Curso de Acompañante terapéutico método Violencia Rivas. No te cierra nada. Llegás a tu casa. Estás más sola que Kung Fu. Morfás dulce de leche. Te crece el culo nuevamente. Te angustiás una vez más.
4-  Salida con amigas: Momento inolvidable en el que no sólo te das cuenta de lo hecha mierda que estás, sino que la felicidad te brota porque a Vicky la dejó el novio por la compañera de la facultad, Maru está en crisis con su pareja de hace 10 años (se puso de novia en el secundario) y Flor tiene dudas sobre su identidad sexual pero no se anima a dar el paso. Toman como locas. Se empedan. Te encara un chabón. Te gusta. Comenzás a bailar. Te mareás. Vomitás. Se va el chabón. Te angustiás por enésima vez. Seguís chupando.
5- Reencuentro con tu primer ex. Lo buscaste por Facebook. Estás nerviosa. Te planchaste el pelo. Afuera llueve. Lo ves en la esquina. Está más bueno que comer pollo con la mano. Se saludan. Charlan. Se ríen. Te sentís mujer de nuevo. Se despiden. Te da un beso en la boca. Le preguntás ¿qué somos?. La cagaste, no te llama más. Hace falta decir que te angustiaste de nuevo?
6- Etapa facultativa: retomás los estudios. Conocés nuevas amistades. Te invitan a una fiesta en la casa del novio de la compañera de Semiótica de la chica que cursa con vos Historia. Vas. Te divertís. Volvés a fumar. Probás un porro. Hablás boludeces. Confesás que una vez te measte de la risa y tenías 15 años. Te miran raro. Seguís hablando boludeces. Empezás a decir el abecedario eructando. Te dejan sola porque deciden ir a bailar al patio. Te pedís un taxi. Bajoneás un pedazo de pizza que tenías en la heladera. Quedaste frita. Milagrosamente, no te angustiaste.
7- Etapa de evaluaciones médicas: hoy ginecólogo. No hiciste a tiempo a hacerte el cavado. Te afeitaste la zona. Tu ginecólogo es muy lindo. Te ponés nerviosa. Te hace el pap, la colpo y te dice “tenés un mosaico en el útero, hay que estudiarlo para descartar HPV”. Automáticamente lo puteás al que te dejó, te sentís sucia. Al final no era nada. Te jurás no coger más con nadie sin forro. Sabés que es mentira. Mientras pensás, no das más de la picazón en el pubis. La maquinita es traicionera.
8- Dia de tu cumple: te llama para saludar (nada más cruel) Se te erizan los pelos. Estabas bien, se lo contás, le decís que empezaste la facu y que conociste a un chabon (claro está, ese pibe no es real) Te felicita. Te confiesa que va a ser papá. Le cortás. Llorás. No atendés el teléfono. Rezás para que no se le pare más. No te sirve. Te visita tu mejor amiga. Se empedan juntas y terminan en el Golden asqueadas de tanto relajo.
9-  A casi un año de la ruptura, un día te levantás distinta. Salís a la calle como sin tiempo. Cantás. Sonreís. Te subís al bondi. Te preguntan “bajás?”. No sabés por qué pero decís que si cuando la respuesta debería haber sido no. Bajan juntos. El pibe entra a un cine. Lo seguís. No te gusta, pero te atrae. Terminan tomando un café. Se van juntos. Pasás la mejor noche de tu vida. Quedan en verse.
10-Volver a empezar: no te pusiste de novia con el del bondi, pero te sentís mejor que nunca. Atrás quedaron las lágrimas. Estás con tres chabones a la vez pero ninguno te enamora. La pasás bien. No rendís cuentas a nadie. Sin saber cómo, volvés a creer en el amor, y en que algún día llegará. Aprendés a disfrutar de la vida. Recién ahora, después de tanto, sos vos de verdad. 

viernes, 22 de marzo de 2013

Maní con chocolate*

Hace un tiempo volví al cine luego de un posparto que me tuvo bastante atareada. La película sugerida fue Infancia Clandestina y la elección para nada inocente. No fui a ver de qué se trataba ni tampoco porque se me ocurrió al azar. Sucede que recién ahora, a mis 33, me anoté en un proyecto para reconstruir historias de vida de aquella generación desaparecida. Desde hace un mes estoy en contacto más directo con todo esto que siempre estuvo rondando en mi cabeza y faltaba en mi praxis. No me animaba vaya a saber por qué, no quería dar el paso que me faltaba, y la llegada de Lisandro sacó fuerzas desde mis entrañas para decidirme de una vez por todas. Entonces la elección del film no fue aleatoria. Sabía que iba a exponerme a una secuencia que no pasaría inadvertida por mi vida. Después de ver la película  nada fue igual. Ni mis amistades, ni mi pareja, ni mi familia.
Contarles el final no tiene sentido porque más allá de lo que quiera decir el guión todos sabemos que el desenlace más crudo es la desaparición de los 30 mil compañeros. Y en este sentido no importa la película que sea. Sí me parece relevante destacar una escena. Es la primera vez que me pasa que un diálogo cinematográfico me interpele tanto. En el film la protagonista se encuentra con su madre a escondidas en la casa adonde estaba parando. La mamá representaba a toda la clase media que no sabía lo que sucedía en el país, pero que sin embargo, y por las dudas, tampoco se metía en cuestiones políticas. La discusión entre ellas se desencadena por los nietos de la señora, quien esbozó mencionar si se los podía llevar, ya que Argentina estaba en un mal momento y ellos, los padres militantes, los exponían al peligro permanente. Ante esto la protagonista arremetió con un desafiante “son mis hijos, no me digas lo que tengo que hacer… vos no me conoces”. La charla fue mucho más que estas palabras, pero a mí, en lo personal, me bastó escuchar hasta ahí. Las diferencias ideológicas que tengo con mis viejos se me pasaron por cada uno de los poros de la piel. Muchos de nuestros encontronazos fueron muy duros, y desde mi lugar no supe entender sus explicaciones, similares al común de los argentinos que desconocían lo que estaba haciendo el golpe. Y lo pongo en cursiva no por no creerles, sino por no comprender. Simplemente por eso.
Cuando terminó la película un llanto imparable me arrebató la voz y la frescura. Mi compañero apenas apoyó su mano sobre mi espalda pero nada me calmó. En ése instante pensé en mi hijo… y claro, en mi mamá, en el amor mutuo que sentimos y en el abismo discursivo en el que caemos en cientos de oportunidades. Pensé en aquella generación que desaparecieron, en sus pequeños apropiados, en esas madres en la búsqueda permanente y en las abuelas luchadoras por conocer a sus nietos, hoy ya de 30 y pico. Triste historia la de Argentina. Tristísima. La ventaja que tenemos hoy es el conocimiento de lo que pasó. Conocer… Ni más ni menos. Conocer Nos. Conocer detalles de quienes no están más. Conocer qué hicieron con sus cuerpos. Conocer qué se esconde entre los milicos. Conocer la lucha de los que no están. Conocer a nuestros hijos, siempre.
Todavía queda un largo camino que recorrer en materia de DDHH, juicios, memoria y verdad. Recién estamos dando el primer gran pasito, pero nos quedan muchos ovillos que desentrañar.
Así estoy, sensible y comprometida a que mi granito de arena aporte algo. Y así voy a morir: convencida de que el país que soñaron los compañeros es todavía posible.

*Vean la película y entenderán. Mañana 23 la dan gratis en la Ex ESMA a las 19.30 hs

lunes, 18 de marzo de 2013

Escuela Laica en clave de risa

Clases para niños que no están bautizados a cargo de la Madre Leila: Pedagogía de la Sinceridad, Historia, Modos de mandar a la mierda sutilmente y directos I, Pedagogía de la conchudez, Práctica del socialismo I (lo tuyo es de todos, pendejo, igual que lo mío, vos tenés mi lápiz), Portuñol (incluye conversación), Espaninglish (incluye crítica de cine), Manejo de la Ira 1, 2 y 3 (curso trimestral), Militancia de las medias para dormir, Ciencias de la detección de pelotudos/as I, Matemática Antiliberal. Talleres extracurriculares de danza aérea con maestros de Fuerza Bruta y juegos recreativos en la sala "La chancha Lilita".
Vacantes limitadas. Para más información mandar un mail con número de DNI y acertijo resuelto a mecagoenelpapa@bancoamagdalena.com.ar

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