sábado, 7 de junio de 2014

Como el cangrejo - Iván Noble



Otra vuelta de tequila
y tu nombre resbalando
por entre los dedos flacos
de esta tarde gris
Todo lo que no nos dimos,
las caricias mal rimadas
vienen de arrebato
a desteñirme el corazón
Y en el trabalenguas de mi soledad
soy ambidiestro para todo
menos para olvidar
Y vos decis que el miedo no deja pensar,
pero la suerte nunca juega limpio
si no le guiñás un ojo
Masticando sueños
voy para atrás como el cangrejo
Cómo se entierran amores
que no paran de respirar?
Borracho y enfermo
voy gambeteando los espejos
para no verte dormida
en cada rincón de esta canción
Salgo a trasnochar recuerdos
entre amigos y botellas
que cuando se apagan
duelen más que un bisturí
Y asi están las cosas, viejo:
mucha cancha embarrada,
demasiadas flores
para tan poco jardín…
Y deshojando las cenizas de este amor
soborno a mi lengua
para no nombrarte más
Y no me jures "yo te quise de verdad"
que la verdad, muñeca,
siempre muerde si no la mimás un poco…
Masticando sueños
voy para atrás como el cangrejo
Cómo se entierran amores
que no paran de respirar?
Borracho y enfermo
voy gambeteando los espejos
para no verte desnuda
en cada rincón de esta canción

martes, 29 de abril de 2014

Microrelato coreográfico

Formas. Un brazo que se dobla de repente. Un pie que estira su punta suave. Una postura. Una disciplina. Una estructura. Un deber. Y de golpe el disfrute de la desprolijidad en perfección técnica. El goce. El placer. El sexo de lo clásico indefinido. La cabeza que razona. El cuerpo que siente. Los pies descalzos que asaltan el suelo. El vientre en movimiento, amante furtivo de la respiración controlada. Un rodete que se desarma. La libertad del pelo. Una zapatilla de punta que pide presencia. Una rodilla en línea con los pies paralelos y un brazo que simula un cisne. Un cuello que define un arabesque. Una cintura que se quiebra dando un golpe. Un ritmo a destiempo. Y manos. Y caras. Y ojos que miran. Y risa espontánea. Y la definición de una pirueta. Y un suelo que llama. Y luego la seriedad. Una batalla entre las pasiones y las broncas. Catarsis de lo cotidiano. Una melodía interna. Lo clásico. La ruptura. El jazz. La fusión. Un romance que comienza. La vida. Bailar.

sábado, 5 de abril de 2014

Gracias

Por mirarla aprendí a pelear. Aprendí que cada día de nuestra vida tiene un valor único, y que el dolor de los peores momentos no es eterno. Que una mirada puede describir nuestro pesar y una sonrisa esconder una tormenta. Que al final del camino hay dos manos extendidas para ayudarnos a salir. Que no existe el destino pero si la voluntad de forjarlo. Que la soledad es una elección, a veces sana y a veces desmedida. Que las decisiones se respetan sin dudar, y los abrazos se dan sin pedir permiso. Que las palabras tienen valor, pero los silencios son más contundentes. Que la vida es un círculo que jamás terminaremos de recorrer. Aprendí a escuchar, a bancar la parada a pesar de las distancias. Aprendí a levantarme cuando quería permanecer en el letargo. Asumí responsabilidades. Discutí. Defendí lo que me parecía injusto. Por ella me emocioné más. Dejé de esconderme. Me animé a ser yo frente al resto. No disimulé mis angustias. Compartí instantes con quienes nunca pensé que lo haría. Descubrí gente maravillosa y me alejé de los obsecuentes sin sentido. Reí a carcajadas delante de quienes no sonríen a menudo. Desafié obstáculos. Me atreví a cambiar. Lloré para vaciarme de viejos rencores. Volví a bailar. Reafirmé mis pasiones.

Hoy cumple años la persona que elegí llevar conmigo siempre. Una amiga de fierro. Una hermana ejemplar. Una madraza. Una tía adorable. Una mujer con todas las letras. Felicidades Andre. Te adoro. Gracias por dejarme estar.

domingo, 9 de marzo de 2014

Duende

Él sonreía siempre. Era su fuerte. A todo aquel que lo mirara le propiciaba una sonrisa. A veces pequeña, insinuante, pero con el chispear de sus ojos se podía adivinar que el hechizo funcionaba de la misma manera. Sonreía e hipnotizaba. Así pasaba sus días, encantando gente. No hacía mucho tiempo que había descubierto esta cualidad. Es más, él no tenía más de dos años de vida. Pero desde que comenzó a entender cómo funcionaba el intercambio cultural entre las personas, hubo algo que lo llevó a desarrollar ese don. 

Entendió que a la mayoría de los mortales  se los gana con  simpatía, inocencia y  sorpresa. Que aún con un hablar precario, el gracias abre puertas. Que el simple gesto de amabilidad en la risa le puede cambiar el día a una mirada triste. Aprendió a discernir con quien insistir y de quien alejarse. Jugaba con todo aquel que tuviera su misma energía, y en la comunicación lúdica lograba cosas increíbles. Recuerdo que una vez, como por arte de magia, consiguió que el piso de un bar se transformara en una enorme pista de carrera para sus autos sin que los mozos se molestaran.

El duende de la sonrisa era claramente maravilloso para quien lo conociera. Se lo amaba, sin más, no dejaba lugar a otra opción. Había transitado sus primeros pasos en un jardín de infantes que le permitió seguir cultivando esa esencia. Sabía que debía volver allí, y que lo esperaban nuevos desafíos.

Nada podía salir mal. El tiempo estaba de su lado. Zapatillas listas, remera nueva, mochila de sueños.  Y una sonrisa más linda que nunca. La conquista estaba por hacerse. La revolución había empezado desde que él nació. 


sábado, 8 de marzo de 2014

Nosotras

Dos piernas, dos brazos, un cuerpo, una cabeza, dedos de las manos, dedos de los pies, pelo, ojos, cejas, nariz, boca y un corazón que nos da la vida. Somos iguales dirían las feministas. Somos lo mismo. Tenemos las mismas capacidades… si? No, no estaría tan segura. Somos distintas. Somos nosotras y ellos. Nosotras, con tetas que pueden amamantar. Con vagina, útero, y una panza que puede crear en nueve meses. Con ciclo menstrual. Con sensibilidades extremas, antojos de dulces, más grasa alojada en las caderas y celulitis. Con cerebro, inteligencia y miles de proyectos. Con liderazgo. Con militancia. Con lucha. Con razones y sinrazones. Con caprichos. Con corazones, flores y bombones, por qué no? Con esmaltes y libros de literatura. Con dudas. Con certezas. Con estrías y tratamientos de belleza. Con obsesiones. Con amores, pasiones, amantes y mentiras. Con verdades. Con identidad propia o ajena, con causas pendientes. Con orgasmos. Con lágrimas. Con intensidades. Con arte. Con poesías. Con piropos. Con música. Con registro para conducir. Con título universitario. Con herramientas. Con motores. Con divorcios y casamientos. Con recetas de abuela y manos de intelectuales. Con cursos de preparto. Con cesáreas. Con partos naturales. Con pospartos. Con depresiones y alegrías. Con hijos. Con padres. Con hermanos. Con uñas pintadas. Con rimmel corrido. Con injusticias y prejuzgamientos. Con aborto ilegal todavía. Con violencia de género aún.

Nosotras, mujeres.

Ellos, con nosotras.

Feliz día a todas, y gracias a la vida por hacernos tan completas y complejas.

Sigamos peleando por nuestros derechos, y formando hombres nuevos que nos acompañen en esta hermosa ruta.


lunes, 6 de enero de 2014

Mi vida, yo

Siempre me costó asumirme mujer. Me jodía el papel de la niña delicada, vestida de rosa, que le gustaba algún chico, que secreteaba con una amiga, jugaba a las muñecas, lloraba por cualquier cosa y que era obediente. Y ojo que no estaba lejos de esto, para nada. Sin embargo, me resultaba fastidioso verme femenina, hasta incluso cuando fui adolescente me parecía extraño recibir el halago del sexo opuesto. Me sentía incómoda en la postura del disfrute del piropo. Y hacía danzas clásicas sin darme cuenta de que bailar era lo más femenino que podía practicar.
No me pinté las uñas hasta hace poco. Acostumbré a maquillar mis pestañas y a ser coqueta por mi mamá. Si fuera por mí, sería un desastre. Aún hay días en los que me cuesta combinar los colores. Durante muchos años traté en terapia la asociación que se gestaba en mi cabeza entre el concepto de boludez y ser mina. Solía bardear al género, desembocando en una postura al borde del machismo.
Me jodían las indecisiones sobre la ropa, los temas banales sobre la moda, las charlas sobre sexo. Posiblemente todo esto haya tenido que ver un poco con mi apatía por lo convencional, y otro tanto por mis locuras, producto de las locuras de mis padres, que a su vez traían las locuras de mis abuelos. En fin, no voy a resumir 14 años de terapia en 15 renglones. Sí contarles que un día me amigué conmigo. Llegamos a una tregua: disfrutar de ser mujer. 

Fue así como comencé a adaptarme, de a poco, aún me cuesta. Pero el click más grande lo tuve un 13 de mayo de 2011. Ese día me levanté a la mañana sin saber que a partir de ahí mi relación con Leila no sería igual. Aquel sábado entré al baño, hice pis y esperé cinco minutos del lado de afuera de la puerta. Mi compañero se envalentonó y entró a ver qué había. Resultado: POSITIVO. Toda mi femineidad puesta en una tira de cartón con dos rayitas. Mi panza comenzaba un camino. Mi cabeza otro. Y mi corazón se había dividido en dos. Entonces comencé a entender lo maravilloso que es ser mujer.
Lisandro llegó a mi vida un 6 de enero de 2012 a las 8.28 hs. Con tres pujos sus ojitos le dieron luz al desorden de ideas que tenía en mi cabeza. Hoy festejo dos años de su nacimiento. Y me felicito por haber empezado a disfrutar del género. Gracias hijo por darme la vida.
Feliz cumple pajarito.

martes, 24 de diciembre de 2013

Pelear

La lucha como oxígeno,
La calma como anhelo.
La sangre como río que fluye
Y corre el velo
De vivir sin anestesia,
Con dolores en el alma.
De vivir siendo valiente,
De morirse con el alba.
Y en ese acervo de matices
Que rompieron su rutina
La ves reír de lejos
Aún en su neblina.
Aún con ese llanto
Ahogándose en su mente,
La ves pelear con garras,
Sublime, persistente.
Ganar con moretones
Presentes pero nulos.
Abrir los ojos siempre,
Amar las sinrazones.
Camina lento, firme,
Segura de su fuerza.
Respira al fin la calma:
La vida está con ella. 

martes, 5 de noviembre de 2013

La loca del Corsa

No le andaba el tablero. La mina salió sin saber cuánta nafta tenía, cuántos kilómetros había recorrido ni cómo tocar la bocina. Sí, una improvisada pero muy segura. Apretó el embrague, puso primera y encendió el motor. El sudor comenzó a molestarla: los poros del bozo se le dilataron tamaño cráters, luego le brotó agua en el medio de los pechos y por supuesto, la clásica entrepierna que rogaba bajar del auto mientras el ombligo cabrío se movía al compás de un "no jodas más". Lucía desprolija, como sucia, pero era sin dudas todo producto de los nervios: se le había engrasado el pelo y le brillaba la frente, muy seductor el cuadro. Arrancó el motor y decidió arrojarse de lleno a la aventura de que la puteen sinsentido. "Cornuda!" le gritaron, y saludó con una sonrisa. "Gracias, igualmente" lanzó. "Hija de puta!" al doblar una esquina a 5 por hora y de su parte un bocinazo timidón escoltado por la mejor cara.
La marcha comenzó en Villa del Parque y continuó hasta el microcentro. Primer viaje sola. Primera salida de manejo luego de sacar el registro. Libertad. Emoción. Locura. Manejó más de 20 cuadras con las balizas puestas: "por las dudas" explicaba. Nunca había puesto tercera, con lo cual el motor chillaba cruelmente con cada acelerada rabiosa que metía al cruzar avenidas. Puso en tres oportunidades las luces de giro para un lado y para el otro sin hacer ninguna maniobra. "Bueno, no me decidía, me sentía importante porque despisté al que venía atrás". De boluda todo, pero con mucha actitud. Llegó a destino. Su amiga la estaba esperando con una sonrisa de oreja a oreja. "Estás lista?" preguntó feliz. "Si, vamos!". El camino de vuelta estuvo más trabado que el inicial. Avda. Córdoba no es para principiantes, mucho menos el acoso de los colectivos y los taxis. Comenzó a soltar el pico, tomó más confianza y en medio de un semáforo en verde decidió mandar a la mierda a uno que quiso pasarla. "Poné balizas, se me paró el auto"... Las balizas la acompañaron desde Estado de Israel hasta Urquiza. "Creo que no tengo nafta" decía entre risas. Su amiga desbordaba de adrenalina, la misma que sintió frente a la pregunta de si se animaba de copiloto de una inexperta. "Vencí al cáncer" contestó más segura que nunca, dejando entrever que luego de eso todo era posible.
Al llegar al final del recorrido comenzó la odisea para estacionar. Filas de autos tocando bocina y haciendo luces para pasarla mientras ella estaba pensando cómo carajo meter el auto entre dos que ya estaban. Decidió dar una vuelta a la manzana para buscar un lugar mejor. Atrás, adelante, atrás, adelante, por fin alineó el vehículo al cordón de la vereda. "Andre, el freno de manos se pone para abajo?" preguntó desorientada. "No boluda!, para arriba". El silencio las invadió a ambas. Estallaron en risas. "Vinimos con el freno de mano puesto" se la escuchó decir por ahí.
Cuenta la historia que una se creía Carola Casini y la otra Almodovar filmando la película más bizarra de su vida. Ambas disfrutaron de esa tarde como nunca antes. "Gracias por ser tan jugada" le dijo su amiga. Y ella, orgullosa de manejar como el culo, sintió una vez más que otro sueño estaba cumplido.

sábado, 19 de octubre de 2013

Leyenda de una panza viva

Al principio no entendía nada. No sabía qué decir frente a tanta felicitación de gente que casi no conocía. No se emocionaba con demasiadas cosas. Se miraba al espejo y se veía igual que siempre. Corría colectivos. Llegaba tarde y se angustiaba como si nada más importara. Se preocupaba por cuestiones de laburo. Puteaba contra los que hablaban mal de su equipo de futbol. Cantaba bajo la ducha y estaba horas pintándose las pestañas. Bailaba. Pintaba. Sentía tristeza por la gente que ya no tenía a su lado. Su rutina estaba organizada en función de las prioridades que ella había acomodado a su antojo. 
Todos los días de su vida se levantaba y tomaba mate con tostadas. Todos los días, hasta que uno en especial no pudo. Terminó de bañarse e intentó abrocharse el jean pero no lo logró. Se agachó para subirse el cierre de las botas y le resultó tan incómodo que decidió levantar las piernas, con dificultad, para poder hacerlo. Decidió probar con un café con leche para desayunar algo y las nauseas se encargaron de arruinar el intento. Cambió el jean por un pantalón dos talles más grandes y se fue a trabajar, a pesar del ayuno involuntario.
Cuentan los que saben que aquel día no corrió colectivos, caminó despacio y respiró hondo. Que se dejó invadir por la emoción y sentada en un banco de una plaza antes de llegar a la parada destino, cerró los ojos y comenzó a escucharse. Dicen que desde su panza brotaban sonidos extraños. Sólo ella los escuchaba. El volumen de su vientre había empezado a tener forma de ciruela, era gracioso verla. Flaca y con una ciruela en el medio. Una ciruela que respiraba, tenía hipo y crecía de a poco. Ese día entendió las felicitaciones exageradas. Y en un momento se la oyó decir “gracias por hacerme única”. 
La vieron levantarse del banco y tomarse el colectivo con una panza a cuestas, cada vez más grande. Varios testigos aseguraron verla rodeada de luz y con dos corazones en su cuerpo. 
Yo la vi mamá, así de simple. La vi nacer un 6 de enero con 32 años. Nació de grande, un milagro, y aún la estamos buscando porque desde que nació se perdió en los ojos de su bebé y fue plenamente feliz.
Si la ven, díganle que vuelva. Hay mucho por bailar todavía.



lunes, 7 de octubre de 2013

Entretiempos

A Andrea


Mientras caminaba trataba de ordenar la secuencia de hechos que desde hacía un tiempo la sorprendían más de la cuenta. Los meses no se sucedían para ella, se confundían en un acervo de situaciones que perturbaban el orden cronológico habitual. Entonces hoy por ejemplo no era hoy, era un fin de año donde el balance le ganaba de mano a cualquier lógica y mañana dejaba de ser primero de Enero para recuperar la pereza de la rutina. Desorden. Eso respiraba. Desorden temporal. Alteraciones emocionales. Vivencias impensadas. Noticias sorpresivas. Todo era nuevo y viejo a la vez. 
Intentó recordar desde cuándo vivía en este desorden y pudo orientar el comienzo en un hecho puntual: la enfermedad de su amiga. Desde hacía diez meses en más de una oportunidad sintió que había celebrado un fin de año sin celebrar. Había cerrado algunos pendientes. Se deshizo de cosas que guardó durante años sinsentido. Intentó perdonar a quienes nunca pudo. Se reencontró con sus sueños. Se amigó con su imagen. Tomó lecciones de manejo y volvió a leer libros. Conoció a la gente que tenía a su alrededor. Descartó personas. Sobreprotegió a los amigos. Se desilusionó. Se volvió a ilusionar. Aprendió.
Caminaba entonces intentando alcanzar el silencio imposible de lograr en una cabeza desbordada de ruidos. “Hoy es un día muy especial” leía en un mensaje de texto de su amiga. La última sesión de rayos. Otro fin de año. Otro balance. En ese instante comenzó a llorar. Una vez más, el tiempo se le había desordenado por completo.
Aquella tarde se comunicó con ella para charlar sobre la grata noticia del fin del tratamiento. “Cuando vuelvas al trabajo no pienses tanto en el laburo en sí. Observa a tu alrededor… la gente esta cambiada. Ojo, la vas a pasar genial, pero nuestras amigas están viviendo la vida de una manera súper especial, como que lo tuyo detono un montón de cosas. Es difícil de explicar; el cáncer fue un shock para nosotras y cada una a su manera decidió mandar al carajo todo lo que no le gustaba, una cosa así. Cuando vayas acordate de esto y observalas, escucha los comentarios, empezá a verlas, todo se vive al máximo. Como que se diluyen los minutos con más minutos para que cada una se atreva a hacer lo que no nos dejó durante años nuestro inconsciente” le dijo en medio de la alegría.
En ese momento ambas quedaron en silencio. Vaya a uno a saber si estaban pidiendo deseos o estaban haciendo un nuevo balance de lo vivido. Lo cierto es que un fin de año más estaba aconteciendo. Nada detendría la sucesión perfecta de hechos que se pisaban los talones para pelear más intensidad. Un fin de año antes de fin de año. Uno más de tantos. Un nacimiento sin embarazo. Una nueva vida para ambas. De eso se trataba el desorden entonces. De aprender a quererlo. De empezar a vivir. 







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