miércoles, 30 de diciembre de 2015

Los cobardes

Los cobardes no hablan de lo que hacen. Son por lo general pobres tipos.
 
Pobres de adentro viste, que tienen una casa grande de fachada, una familia hipócrita y una relación matrimonial de mentira que lo único que pretende es vestirlos de hombres cuando en verdad son pendejos queriendo ponerla en cualquier agujero. Y pagan, sí, pagan por sexo. Eso los hace más detestables.
 
Los cobardes también suelen gritar fuerte para desplegar su poder que no tienen pero que creen. Con eso miden su pene que se erecta en la medida que despliegan el maltrato sobre víctimas manipuladas y miedosas.
 
Son ignorantes, no saben escribir bien y tienen mal aspecto. Se creen grossos y son tan limitados que en lo único que piensan es en parecer en lugar de ser. Porque claro, si son, evidenciarían su vacuidad.
 
Los cobardes hablan y sonríen, putean y lastiman. Todo al mismo tiempo porque además de cobardes son perversos. Ellos dicen una cosa y hacen otra. Son inseguros, verticalistas y obsoletos. Son la mínima expresión de un ser humano porque como son cobardes, les da miedo ser más. En realidad, no saben ser. No saben nada y alardean como si supieran. Eso los hace más estúpidos de lo que uno puede verlos. Les gusta contarte sus hazañas que son más pobres que ellos ya que no tienen una vida feliz y se nota más de la cuenta.
 
Los cobardes te aplastan. No te van de frente, te quieren destruir haciéndose amigos de quienes odian. Son falsos, retrógrados y huecos. No tienen huevos para actuar en soledad. Son residuos de quien aspira a ser un hijo de puta, pero por cobardes, no llegan.
 
Por suerte, vos sos otra cosa. Mejor dicho, vos sos una cosa. Ni cobarde ni poderoso ni forro. Cosa.
 
Y la mayoría de las cosas terminan siendo inservibles y no tienen vida útil.
 
Suerte con eso. Y con tu unitilidad.
 

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