viernes, 22 de marzo de 2013

Maní con chocolate*

Hace un tiempo volví al cine luego de un posparto que me tuvo bastante atareada. La película sugerida fue Infancia Clandestina y la elección para nada inocente. No fui a ver de qué se trataba ni tampoco porque se me ocurrió al azar. Sucede que recién ahora, a mis 33, me anoté en un proyecto para reconstruir historias de vida de aquella generación desaparecida. Desde hace un mes estoy en contacto más directo con todo esto que siempre estuvo rondando en mi cabeza y faltaba en mi praxis. No me animaba vaya a saber por qué, no quería dar el paso que me faltaba, y la llegada de Lisandro sacó fuerzas desde mis entrañas para decidirme de una vez por todas. Entonces la elección del film no fue aleatoria. Sabía que iba a exponerme a una secuencia que no pasaría inadvertida por mi vida. Después de ver la película  nada fue igual. Ni mis amistades, ni mi pareja, ni mi familia.
Contarles el final no tiene sentido porque más allá de lo que quiera decir el guión todos sabemos que el desenlace más crudo es la desaparición de los 30 mil compañeros. Y en este sentido no importa la película que sea. Sí me parece relevante destacar una escena. Es la primera vez que me pasa que un diálogo cinematográfico me interpele tanto. En el film la protagonista se encuentra con su madre a escondidas en la casa adonde estaba parando. La mamá representaba a toda la clase media que no sabía lo que sucedía en el país, pero que sin embargo, y por las dudas, tampoco se metía en cuestiones políticas. La discusión entre ellas se desencadena por los nietos de la señora, quien esbozó mencionar si se los podía llevar, ya que Argentina estaba en un mal momento y ellos, los padres militantes, los exponían al peligro permanente. Ante esto la protagonista arremetió con un desafiante “son mis hijos, no me digas lo que tengo que hacer… vos no me conoces”. La charla fue mucho más que estas palabras, pero a mí, en lo personal, me bastó escuchar hasta ahí. Las diferencias ideológicas que tengo con mis viejos se me pasaron por cada uno de los poros de la piel. Muchos de nuestros encontronazos fueron muy duros, y desde mi lugar no supe entender sus explicaciones, similares al común de los argentinos que desconocían lo que estaba haciendo el golpe. Y lo pongo en cursiva no por no creerles, sino por no comprender. Simplemente por eso.
Cuando terminó la película un llanto imparable me arrebató la voz y la frescura. Mi compañero apenas apoyó su mano sobre mi espalda pero nada me calmó. En ése instante pensé en mi hijo… y claro, en mi mamá, en el amor mutuo que sentimos y en el abismo discursivo en el que caemos en cientos de oportunidades. Pensé en aquella generación que desaparecieron, en sus pequeños apropiados, en esas madres en la búsqueda permanente y en las abuelas luchadoras por conocer a sus nietos, hoy ya de 30 y pico. Triste historia la de Argentina. Tristísima. La ventaja que tenemos hoy es el conocimiento de lo que pasó. Conocer… Ni más ni menos. Conocer Nos. Conocer detalles de quienes no están más. Conocer qué hicieron con sus cuerpos. Conocer qué se esconde entre los milicos. Conocer la lucha de los que no están. Conocer a nuestros hijos, siempre.
Todavía queda un largo camino que recorrer en materia de DDHH, juicios, memoria y verdad. Recién estamos dando el primer gran pasito, pero nos quedan muchos ovillos que desentrañar.
Así estoy, sensible y comprometida a que mi granito de arena aporte algo. Y así voy a morir: convencida de que el país que soñaron los compañeros es todavía posible.

*Vean la película y entenderán. Mañana 23 la dan gratis en la Ex ESMA a las 19.30 hs

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy conmovedor tu relato. Muchas gracias por compartirlo. La película a mí me pareció excelente y la parte a la que hacés mención, una de las mejores, impecable sin duda. Celebro tu compromiso y no me quedan dudas de que con gente como vos, el país que soñaron los compañeros se vuelve una realidad más palpable cada día.

Anónimo dijo...

Hermosas Palabras, y hermosa su foto! Gracias :)

paula dijo...

hermosas palabras; Lei. Bellas, sentidas.
Esa foto con Lisandro en la panza resume tu sentir....

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