domingo, 8 de marzo de 2015

Somos

Lastimadas. Desgarradas. Insultadas. Juzgadas. Presas. Muertas. Violentadas. Rebeldes. Combativas. Luchadoras. Hijas. Madres. Amantes. Monjas. Putas. Amigas. Compañeras. Empleadas. Jefas. Dueñas. Hermanas. A los gritos. Calladas. Lloronas. Alegres. Ocurrentes. Sensibles. Detallistas. Moralistas. Culposas. Cosificadas. Separadas. Solteras. Casadas. Engañadas. Mentirosas. Obsesivas. Enfermas. Inteligentes. Conchudas. Románticas. Soñadoras. Ácidas. Cínicas. Participativas. Comprensivas. Intolerantes. Calentonas. Fantasiosas. Exageradas. Tontas. Inocentes. Ignorantes. Posesivas. Hirientes. Vengativas. Manipuladoras. Vanidosas. Humildes. Parturientas. Independientes. Ansiosas. Sobreprotectoras. Seductoras. Provocativas. Idealistas. Consumidoras. Preocupadas. Leales. Mujeres.

Ni más ni menos adjetivadas por la sociedad. Si cada una de nosotras somos esto y mucho más, no está mal, es un combo explosivo. A veces da miedo, otras curiosidad. A veces aleja. Pero siempre terminamos siendo imprescindibles ante los ojos de quienes nos miran.
Mujeres de acero que se derriten en un abrazo. De mirada fuerte y voz dulce. De brazos débiles y pasos firmes. De discusiones terminantes y sonrisas fáciles. De besos inolvidables. De cuerpos admirados. De cerebros perspicaces. De carne y hueso. Mágicas y reales. Eso somos. Y me siento orgullosa de pertenecer a este género, aún con mis contradicciones.
Mujeres que llenan mi vida y me dan vida.
Mujer eterna seré para mi hijo.
Mujer que festeja no hoy, todos los días, por hacer que el sol brille de manera especial.

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