lunes, 4 de abril de 2011

Masculinidades

Mi viejo me puede. Otra vez una figura masculina atravesando mi imaginario. Él y yo. Amándonos y discutiendo como nenes. Crecí en el disfrute de su presencia, y hoy mujer independiente, vivo en la permanente lucha de contradicciones acerca del mito que construí sobre mi padre, y lo que en verdad es. Hombre primero, y con eso tengo un problemita. Ser humano, siempre. Algo derechoso en su condición ideológica. Simpatizante de un radicalismo cada vez más tenue, pero radicalismo al fin. Y con eso tengo un problemón.

Independientemente de todos estos condimentos, mi viejo sabe que con una palabra puede desarmarme. Eso me llena de bronca. En mis sesiones de terapia estoy tratando el tema del género, de mi femineidad combinada con el carácter fuerte, mi hablar despreocupado y maleducado a veces, los desafíos, la competencia. Hete aquí que en un momento dado, en medio de una catarata de voces inconscientes que estaba dejando soltar en el diván, no tengo la mejor idea que decir “me di cuenta de que compito con los hombres”. Mi terapeuta, sagaz, guacho bah, me dice: “es que tu problema es ese. Con-pito”. Ja. Me fui patinando de aquella sesión, enojada, ofendida. No me falta nada, me sobran huevos, le dije. Y me fui. Bueno, no fue tan así. Lo pensé pero no se lo dije. Es hombre, no lo va a entender. Sucede que a medida que pasa el tiempo tiendo a acentuar cada vez más esta lucha de poderes, poniéndome en un lugar que tal vez, no es que no me corresponda, sino que no es del todo inteligente. Por tal motivo, pierdo. Y no lo tolero.

Hoy pasó eso con mi papá, que es hombre, claro. Y discutimos acerca de la moralina de no molestar a los vecinos con ruidos hasta altas horas de la madrugada, por una comida que quiero realizar. No es cualquier reunión. Es una despedida entre otras cosas. Se va mi hermana del país nuevamente, y necesito estar en la casa de mis viejos con mis afectos. Defendiendo la alegría, como decía Benedetti, así, como una trinchera. Bailando, con música fuerte, brindando por su partida, por nuestros años compartidos, porque somos hermanas, porque nos amamos. Eso quiero.

En el momento más álgido de la charla, llegó mi compañero. Al cortar con mi papá, que en el medio de la conversación se me habían pasado mil cosas para decirle acerca del festejo “no entendés porque los radicales son amargos, no saben hacer asado, no entienden lo que es comer un chori, son aburridos”. Pero bueno, me controlé, mezclar todo no era la cuestión. Como decía, mi compañero me comentó la posibilidad de realizar parte de la reunión en la casa de mis viejos y luego en un bar. Así de simple. Sencillo. Pensamiento no rebuscado diría Cobos… Hombre, de nuevo.

En fin. Es una descarga. No pretendo ponerle un remate al texto. Remarco que no me falta nada, a vos te lo digo, Ricardo, que no sé por qué carajo te elegí varón para hacer análisis.

Bueno, lo único que quiero ahora es dejar de pensar. Ah, y mañana no voy a terapia. No se me cantan las bolas –que no tengo, pero me sobran-.

5 comentarios:

Diva'n dijo...

yo tengo el falo! Soy fálica y me sobran bolas para sostenerlo, jaja.

Aureliano Buendía dijo...

Siempre esclavos de nuestros padres. Agradece que tenes uno con el que se pueda putear por política.

Me acuerdo de mi devenir trosquista en la juventud de mi juventud, por tener padres peronistas, familia peronista, y amigos de familia peronistas. Verlos cantar la marcha despues de los brindis era para alquilar balcones. Por suerte me curé y soy nac. & pop.

Y sobre los radicales tenés toda la razón del mundo, si es que la razón existe, supongamos que si, y la tenes vos. Por eso me asombran algunas cadenas de palabras como "Juventud Radical" digo, nada más contrario a la juventud, nada más "camisa a cuadros y jean clásico hasta la cintura con cinto de cuero y zapatos marrones con el pelo peinado al costado" que el radicalismo.

En fin, saludos, creo que me sobrepase un poco con el largo del comment, pero tus historias son geniales.

Un abrazo.

Doxificadora dijo...

Los padres (hombres) suelen tener ese efecto sobre nosotras. En mi caso -hasta que me mudé- discutía todos los días con él, sobre todo de política y economía. Pero incluso cuando estábamos de acuerdo sobre un tema, también discutíamos. Creo que en el fondo me daba bronca que a mí me discutiera más que a mis hermanos porque creía que él pensaba que mi perspectiva era errada por ser mujer. Ahora pienso que lo hacía porque mis respuestas eran más profundas e interesantes que las de mis huevones y fálicos hermanitos. Y ahora extraño eso.

PD:A tu psicólogo, cuando te vuelva a decir la bromita de "con-pito", le podés retrucar: "de vez en cuando con-pito con un hombre, 'o- varios".

Martu dijo...

¿Qué importa el género?
Vos sos...y lo sos independiente del género. A minas como vos no las puede condicionar "eso". Vos misma lo decis, no tengo bolas pero me sobran...
Good Show!

Sil dijo...

pero los vecinos eran hombres o mujeres?
ajjajaa entendia cualquiera la mina!

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