domingo, 5 de mayo de 2013

Sietemesinas



No me gusta hablar por teléfono. Quienes me conocen lo saben. Sin embargo, desde hace unos meses empezó a ser mi única manera de comunicarme con ella. Mensajes de texto primero, pedidos de permiso para llamarla después y horas, sí, horas de conversación telefónica. Hasta que no te pasa, una no se pone a pensar cómo manejar conversaciones con una amiga que está peleando contra el cáncer. La cabeza se te desordena, no sabés por dónde empezar: cómo estás? Qué te duele? Cómo sigue el tratamiento? Viste cómo llovió? Cuándo te veo? Viste qué grande está mi hijo? Y miles de cosas que una automáticamente ordena en una simple charla, pero que yo no puedo hacerlo tan simple.

“La verdad no quiero que me den más consejos ni que me cuenten experiencias ajenas. Resulta que ahora todo el mundo tiene un pariente que tuvo la enfermedad, y a mi no me interesa saber eso. Esto es como el parto, la experiencia es intransferible” me dijo ayer mientras hablábamos, una vez más, para escucharnos al menos.

Al cortar, me quedé pensando en aquella frase. La vida es una repetición constante. Los ciclos de la vida son reiterativos, rutinarios, odiosos y asombrosos a la vez. La muerte y el nacimiento son dos caras de una moneda que no se contrarian, se complementan. Ella me explicó su pelea con la muerte a través de una acción que trae vida al mundo: parir. Me contó que perdió todo el cabello en un solo día, así de shockeante, y que quedó como una criatura recién nacida. Que tiene las defensas bajas, por lo tanto hay que cuidarla muchísimo de que no se enferme, casi igual que un bebé. Que su tratamiento dura en total casi 7 meses, y que, en este proceso de “gestación” de la cura, tiene que hacer las cosas tal cual lo dice su médico… entonces recién ahí cuando todo esto termine voy a poder verla nacer de vuelta. Sietemesinas, un parto prematuro que esperamos con ansiedad, esperanza, un mundo por delante y un volver a empezar.

Todo lo que queda es crecimiento. Así de circular. Así de difícil pero posible.


sábado, 13 de abril de 2013

Decálogo de la mujer dejada


1- Lloras. Mucho. Tanto que se te hinchan los ojos. La careteas con los demás “era un forro, ya no daba” “ahora me doy cuenta de lo bien que estoy sola” “a ver si la mina con la que está le banca el olor a pata”. Seguís llorando cuando nadie te ve. Te mirás al espejo y ves un espanto de cara, pelo y bigotes. Decidís maquillarte. Ya no llorás tanto. Te tomás las medidas: 80-110-185. Sos un triángulo. Empezás la dieta enserio.
2- Etapa de autoconvencimiento: 3 kilos bajados, soy una diosa! Salís a buscar chongos.  No estás acostumbrada a caminar con tacos, te tropezás feo. Sonreís, tenés un diente pintado y no te diste cuenta. Se te salta el esmalte de uñas con el brackets cuando intentás acomodarte el alambrecito que se te corrio. Caminas sensual mientras podés. Te gritan “mamaza, con ese culo vení a cagar a casa”. Te angustiás. No te levantaste ni a la mañana.
3- Arranca la etapa de cursos: Fotografía 1, Instructorado de Pilates con base de Reiki y Meditación Coreana, Repostería Moderna para la Mujer Fácil y Curso de Acompañante terapéutico método Violencia Rivas. No te cierra nada. Llegás a tu casa. Estás más sola que Kung Fu. Morfás dulce de leche. Te crece el culo nuevamente. Te angustiás una vez más.
4-  Salida con amigas: Momento inolvidable en el que no sólo te das cuenta de lo hecha mierda que estás, sino que la felicidad te brota porque a Vicky la dejó el novio por la compañera de la facultad, Maru está en crisis con su pareja de hace 10 años (se puso de novia en el secundario) y Flor tiene dudas sobre su identidad sexual pero no se anima a dar el paso. Toman como locas. Se empedan. Te encara un chabón. Te gusta. Comenzás a bailar. Te mareás. Vomitás. Se va el chabón. Te angustiás por enésima vez. Seguís chupando.
5- Reencuentro con tu primer ex. Lo buscaste por Facebook. Estás nerviosa. Te planchaste el pelo. Afuera llueve. Lo ves en la esquina. Está más bueno que comer pollo con la mano. Se saludan. Charlan. Se ríen. Te sentís mujer de nuevo. Se despiden. Te da un beso en la boca. Le preguntás ¿qué somos?. La cagaste, no te llama más. Hace falta decir que te angustiaste de nuevo?
6- Etapa facultativa: retomás los estudios. Conocés nuevas amistades. Te invitan a una fiesta en la casa del novio de la compañera de Semiótica de la chica que cursa con vos Historia. Vas. Te divertís. Volvés a fumar. Probás un porro. Hablás boludeces. Confesás que una vez te measte de la risa y tenías 15 años. Te miran raro. Seguís hablando boludeces. Empezás a decir el abecedario eructando. Te dejan sola porque deciden ir a bailar al patio. Te pedís un taxi. Bajoneás un pedazo de pizza que tenías en la heladera. Quedaste frita. Milagrosamente, no te angustiaste.
7- Etapa de evaluaciones médicas: hoy ginecólogo. No hiciste a tiempo a hacerte el cavado. Te afeitaste la zona. Tu ginecólogo es muy lindo. Te ponés nerviosa. Te hace el pap, la colpo y te dice “tenés un mosaico en el útero, hay que estudiarlo para descartar HPV”. Automáticamente lo puteás al que te dejó, te sentís sucia. Al final no era nada. Te jurás no coger más con nadie sin forro. Sabés que es mentira. Mientras pensás, no das más de la picazón en el pubis. La maquinita es traicionera.
8- Dia de tu cumple: te llama para saludar (nada más cruel) Se te erizan los pelos. Estabas bien, se lo contás, le decís que empezaste la facu y que conociste a un chabon (claro está, ese pibe no es real) Te felicita. Te confiesa que va a ser papá. Le cortás. Llorás. No atendés el teléfono. Rezás para que no se le pare más. No te sirve. Te visita tu mejor amiga. Se empedan juntas y terminan en el Golden asqueadas de tanto relajo.
9-  A casi un año de la ruptura, un día te levantás distinta. Salís a la calle como sin tiempo. Cantás. Sonreís. Te subís al bondi. Te preguntan “bajás?”. No sabés por qué pero decís que si cuando la respuesta debería haber sido no. Bajan juntos. El pibe entra a un cine. Lo seguís. No te gusta, pero te atrae. Terminan tomando un café. Se van juntos. Pasás la mejor noche de tu vida. Quedan en verse.
10-Volver a empezar: no te pusiste de novia con el del bondi, pero te sentís mejor que nunca. Atrás quedaron las lágrimas. Estás con tres chabones a la vez pero ninguno te enamora. La pasás bien. No rendís cuentas a nadie. Sin saber cómo, volvés a creer en el amor, y en que algún día llegará. Aprendés a disfrutar de la vida. Recién ahora, después de tanto, sos vos de verdad. 

viernes, 22 de marzo de 2013

Maní con chocolate*

Hace un tiempo volví al cine luego de un posparto que me tuvo bastante atareada. La película sugerida fue Infancia Clandestina y la elección para nada inocente. No fui a ver de qué se trataba ni tampoco porque se me ocurrió al azar. Sucede que recién ahora, a mis 33, me anoté en un proyecto para reconstruir historias de vida de aquella generación desaparecida. Desde hace un mes estoy en contacto más directo con todo esto que siempre estuvo rondando en mi cabeza y faltaba en mi praxis. No me animaba vaya a saber por qué, no quería dar el paso que me faltaba, y la llegada de Lisandro sacó fuerzas desde mis entrañas para decidirme de una vez por todas. Entonces la elección del film no fue aleatoria. Sabía que iba a exponerme a una secuencia que no pasaría inadvertida por mi vida. Después de ver la película  nada fue igual. Ni mis amistades, ni mi pareja, ni mi familia.
Contarles el final no tiene sentido porque más allá de lo que quiera decir el guión todos sabemos que el desenlace más crudo es la desaparición de los 30 mil compañeros. Y en este sentido no importa la película que sea. Sí me parece relevante destacar una escena. Es la primera vez que me pasa que un diálogo cinematográfico me interpele tanto. En el film la protagonista se encuentra con su madre a escondidas en la casa adonde estaba parando. La mamá representaba a toda la clase media que no sabía lo que sucedía en el país, pero que sin embargo, y por las dudas, tampoco se metía en cuestiones políticas. La discusión entre ellas se desencadena por los nietos de la señora, quien esbozó mencionar si se los podía llevar, ya que Argentina estaba en un mal momento y ellos, los padres militantes, los exponían al peligro permanente. Ante esto la protagonista arremetió con un desafiante “son mis hijos, no me digas lo que tengo que hacer… vos no me conoces”. La charla fue mucho más que estas palabras, pero a mí, en lo personal, me bastó escuchar hasta ahí. Las diferencias ideológicas que tengo con mis viejos se me pasaron por cada uno de los poros de la piel. Muchos de nuestros encontronazos fueron muy duros, y desde mi lugar no supe entender sus explicaciones, similares al común de los argentinos que desconocían lo que estaba haciendo el golpe. Y lo pongo en cursiva no por no creerles, sino por no comprender. Simplemente por eso.
Cuando terminó la película un llanto imparable me arrebató la voz y la frescura. Mi compañero apenas apoyó su mano sobre mi espalda pero nada me calmó. En ése instante pensé en mi hijo… y claro, en mi mamá, en el amor mutuo que sentimos y en el abismo discursivo en el que caemos en cientos de oportunidades. Pensé en aquella generación que desaparecieron, en sus pequeños apropiados, en esas madres en la búsqueda permanente y en las abuelas luchadoras por conocer a sus nietos, hoy ya de 30 y pico. Triste historia la de Argentina. Tristísima. La ventaja que tenemos hoy es el conocimiento de lo que pasó. Conocer… Ni más ni menos. Conocer Nos. Conocer detalles de quienes no están más. Conocer qué hicieron con sus cuerpos. Conocer qué se esconde entre los milicos. Conocer la lucha de los que no están. Conocer a nuestros hijos, siempre.
Todavía queda un largo camino que recorrer en materia de DDHH, juicios, memoria y verdad. Recién estamos dando el primer gran pasito, pero nos quedan muchos ovillos que desentrañar.
Así estoy, sensible y comprometida a que mi granito de arena aporte algo. Y así voy a morir: convencida de que el país que soñaron los compañeros es todavía posible.

*Vean la película y entenderán. Mañana 23 la dan gratis en la Ex ESMA a las 19.30 hs

lunes, 18 de marzo de 2013

Escuela Laica en clave de risa

Clases para niños que no están bautizados a cargo de la Madre Leila: Pedagogía de la Sinceridad, Historia, Modos de mandar a la mierda sutilmente y directos I, Pedagogía de la conchudez, Práctica del socialismo I (lo tuyo es de todos, pendejo, igual que lo mío, vos tenés mi lápiz), Portuñol (incluye conversación), Espaninglish (incluye crítica de cine), Manejo de la Ira 1, 2 y 3 (curso trimestral), Militancia de las medias para dormir, Ciencias de la detección de pelotudos/as I, Matemática Antiliberal. Talleres extracurriculares de danza aérea con maestros de Fuerza Bruta y juegos recreativos en la sala "La chancha Lilita".
Vacantes limitadas. Para más información mandar un mail con número de DNI y acertijo resuelto a mecagoenelpapa@bancoamagdalena.com.ar

miércoles, 27 de febrero de 2013

Las maestras y yo: Pavada de encuentro

Dia de miércoles no tan de miércoles para mi. Hoy tuve mi primer encuentro cercano con la institución que elegimos para Lisandro. Mejor dicho, con las maestras: Nadia y Luna, así se llaman. Nadia tiene un look muy Silvita Suller en sus comienzos, con pelo algo más corto y sin silicona, es medio cheta o aparenta serlo, tiene nariz puntuda y ojos color marrón. Amable, muy seria al hablar, y casi con un tono de voz de pito que imagino si lo eleva es capaz de romper cualquier copa de cristal sin esfuerzo. También imagino que más de un hombre que esté leyendo esto la querría conocer ahora mismo.
Luna es hija de artesanos del Bolsón, fija. Seguro que en una noche de faso eligieron el nombre entre tres que tenían en la mira: Montaña, Nube o Luna. Y quedó el último porque como había luna llena la re flashearon con que tenía cara y les sonreía... bueno, capaz que mi imaginación es muy zarpada, pero lo cierto es que Luna tiene una onda más relajada. Con babuchas hindúes y un aro en la nariz, nos resultó más acorde a nosotros.
La cita comenzó en la sala de uno. Entramos, nos hicieron sentar en las sillas de los nenes y sacaron un cuaderno para anotar la rutina del chino. Entre el botón del jean que en ese banquito se me metía obligadamente más para adentro y la verborragia de mi compañero, lo único que quería era levantarme y hacer pis. Si. Mear. La cuestión es que me aguanté bastante bien toda la reunión a pesar de los nervios.
Durante las anotaciones surgieron algunas preguntas que nos fueron haciendo y para mi sorpresa, comenzó a resultarme tediosa la exageración de mi compañero con respecto a las proezas del pequeño. Entonces, como para no perder la costumbre, salí al cruce. "Pesa unos 15/16 kg y calza 45", dijo el padre de la criatura. "No querido, disculpen, desvirtúa un poco lo que es el nene... debe pesar 12 kg, no más". Entre idas y venidas hicimos de la reunión una terapia de pareja y la competencia era ver quién lo conocía más al pibe. Cuando relajamos, la voz de mi compañero arremetió con un "no le tiene miedo a nada. O sea, el chabon se manda de una, entendés?". Ajá. El chabón. Eso se le sumó a mi contundente "baila todo el tiempo, le canto todo el día, actuamos, hacemos que lloramos y reímos a la vez"... lo cual parecía que la rutina de nuestro querido Lisandro era una comedia musical o bien que el chiquito estaba por ganarse el Oscar al mejor actor en la película de nuestras vidas. Teníamos un hijo prodigio. Se nos cagaron de risa en la cara, claro está. E hicieron bien.
En fin, no estuvo tan mal el primer acercamiento. Nos fuimos de ahí a tomar un café, sorprendidos por nuestro rol de padres, admirados por nuestro hijo... y asaltados por la actitud que nunca pensamos asumir así: la de papi y mami en un jardín de infantes. Nada más triste y tierno a la vez.
Ahora tengo conmigo una lista interminable de materiales para el martes que arranca el ciclo lectivo entre los que se encuentran un delantal, un pintorcito, una caja forrada de color amarillo con sus pertenencias y un almohadon "objeto de transición" que irá de casa al jardín y del jardín a casa.
Comienza una nueva etapa para los tres. Espero no hablar en diminutivo todo el tiempo. Gran desafío gran... y yo encima que le digo pajarito.

martes, 29 de enero de 2013

Defender la alegría...


Eran cerca de las doce de la noche y el mensaje de texto que recibí de mi amiga no me dejó dormir. "Está todo mal, Lei". No puedo borrarme de la cabeza la sensación que sentí al leer cada una de estas palabras. Estaba sola en casa, mi bebé dormía. La cabeza que no ayudaba demasiado a relajar la velocidad de mis pensamientos hacía que el tiempo fuera eterno. Los minutos se habían transformado en chicles pegajosos y babeados que lo único que conseguían era aumentar mi ansiedad. El día después de ése mensaje nada sería igual para mi. Inmediatamente comencé a pensar por qué, cómo, cuándo, y qué sigue ahora.

Cerca de las tres de la mañana logré conciliar el sueño. Entre alteraciones y angustia pasé lo que quedaba de la noche como pude. Al despertar, mucho antes de que sonara el despertador, comencé a meterme en sitios de internet buscando una respuesta a algo imposible de contestar. Sin embargo, de los miles de sitios que visité uno me llamó la atención. Decía algo así como que el cáncer es esa enfermedad que camina descalza y en silencio hasta que de golpe la Bronca, enojada porque no la encuentra en la habitación que tenemos como cuerpo, prende la luz. No se si es tan así, pero la metáfora me pareció brillante como para encontrar el paliativo a lo que se viene. La felicidad, la sonrisa, la broma y la buena compañía son curativas, al menos el humor resultó una gran terapia en mi vida sobre todo en los momentos más crudos.

Entonces pensé en mi grupo de compañeras, y frente a las palabras de nuestra amiga quien aseguraba que todo sería más difícil sin nosotras, entendí que la responsabilidad que tenemos ahora es acompañarla en lo que sea pero con la alegría más firme que nunca. Hacerla reír hasta que le duela la panza, disfrutarla, pelearla con ella.

Vienen tiempos más que difíciles, ojalá podamos estar a la altura de las circunstancias. Si la Bronca prendió la luz, yo pienso vencerla hasta que tema aparecer de nuevo. Y ahora más que nunca.

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del caos y de las pesadillas
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas

defender la alegría como un atributo
defenderla del pasmo y de las anestesias
de los pocos neutrales y los muchos neutrones
de los graves diagnósticos y de las escopetas

defender la alegría como un estandarte
defenderla del rayo y la melancolía
de los males endémicos y de los académicos
del rufián caballero y del oportunista

defender la alegría como una certidumbre
defenderla a pesar de dios y de la muerte
de los parcos suicidas y de los homicidas
y del dolor de estar absurdamente alegres

defender la alegría como algo inevitable
defenderla del mar y las lágrimas tibias
de las buenas costumbres y de los apellidos
del azar y también, también de la alegría.

Mario Benedetti

sábado, 29 de septiembre de 2012

De como caretear una sobreprotección desmedida

La decisión está tomada: Lisandro el año que viene empieza el jardín. Como buenos primerizos que somos y con la ignorancia del caso, una vez más la pediatra, la Virginia Lagos de los niños, la voz autorizada, nos ganó la batalla. "Mis dos hijos fueron al jardín Con-Vivencias, y la experiencia fue espectacular. Hacen pan, les enseñan a hacer piruetas en la colchoneta, van con su joggincito (no podía faltar el diminutivo)... por qué no llaman?". Fue así que ayer asistimos a nuestra primera reunión en un jardín de infantes. Salí de mi trabajo echando humo, a las corridas, desesperada por llegar a horario y como siempre llegué 15 minutos más tarde de comenzada la reunión. El lugar es una gran... no, perdón, GRAN casa reciclada para colegio, divina, con muchos colores, rejas, obvio (la inseguridattttt), cartulinas y olor a niños. Me encontré con un grupito de madres/padres inertes frente al power point que presentaba a la institución. En medio de todos ellos estaban los dos: Lisandro, de ojos renegridos y chupete saltón, y el padre, ambos despeinados, con actitud sospechosa para la comunidad seguramente, casi con postura marxista sentados atrás de todo como corresponde. "Por eso te elegí" pensaba mientras lo saludaba a mi pajarito desentendiéndome del resto. Escuchamos la propuesta sin dejar de llevar todo a nuestros límites, a nuestra forma retorcida y adorable de ver las cosas. En un momento, la señora que nos explicaba las pautas del lugar con el afán y la pasión de un compañero que te dice las 20 verdades peronistas, nos cuenta que "los chiquitos hicieron una mini empresa. Los llevamos a la panadería más cercana, les enseñamos a tomar roles, y entonces uno se puso en el papel del panadero, otro en el del que está atrás del mostrador, otro en el del delivery, y blablabla". Automáticamente mi cabeza no dejaba de reproducir la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo y en un arrebato de ira me contuve de gritar tirándome de los pelos "Y EL PATRÓN???? EH??? QUIÉN ERA EL PATRÓN????!!!!!"... Pero ya ven, la terapia me está conteniendo bastante. Luego de la presentación recorrimos el lugar... Una de las madres que nos acompañaba era china. Si. China. Y no dejaba de observar a nuestro León. No le dijimos nada porque no nos dio la confianza pero realmente nuestro hijo es vietnamita o algo así, era igual a esa mujer.
Finalizado el recorrido, nos saludamos con la señora del jardín quien mirándome fijo pronunció lo que no debía "disculpame, te lo deben haber dicho... sos igual a Agustina Cherri... sos la hermana?"... mi compañero, fiel a su estilo, le contestó que sí, que él es el hermano gemelo de Gastón Pauls y que estafamos gente. Risas. Sudor de mi parte. Verguenza. ACV. Muerte. Bueno no, pero no sabía adónde meterme.
Llegamos a la conclusión de que más allá de las diferencias que vamos a tener con todas las instituciones, aún así las públicas, no podemos formar a un anarquista desde tan pequeño. La reflexión de mi compañero fue "que se haga anarquista de grande"... Y bueno, tendremos que asumir que nuestro pequeño pajarito está creciendo.
Así que amigos, el año que viene, mi bombón irá al jardín. Abrácenme. Quiéranme. Necesito contención. NO QUIERO QUE CREZCA, NO QUIERO QUE SOCIABILICE, NO QUIERO QUE TENGA NOVIA, DOCTORRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR! *convulsiona. Se mama con Amarula. Ríe a carcajadas. Se corta las venas con un grisín. Fracasa. Se deprime*

jueves, 9 de agosto de 2012

Apariencias


No quisieron educarme para fingir. Tampoco para ser infeliz. Sin embargo desde las revistas que se consumían en casa hasta los programas de TV con los que me crié se construyó una imagen de mujer que caló hondo en mi generación y lo sigue haciendo. Mujeres esbeltas, perfectas de piel, súper delgadas, profesionales, amantes, exitosas, comprensivas, buenas cocineras, y por supuesto para ser completas, madres. Las exigencias nos marcan el paso, y nosotras en más de una oportunidad, como idiotas, las intentamos cumplir a raja tabla. Caemos en el cliché del “quiero superarme” cuando en definitiva lo que no podemos superar es un desamor que nos viene consumiendo las ganas de todo desde hace casi un año.
Con el tiempo aprendí a zafar de los estereotipos y pude ver que mi cuerpo tiene su encanto. Me costó pero pude descubrirme tal cual soy, sin preconceptos ni rótulos que me ubicaran en algún lugar de moda. Supe elegir amistades, descartar otras tantas, comprender que si un tipo te dice que entre un hombre y una mina únicamente puede haber sexo es simplemente porque es un débil mental. Entendí que “hablar” de cuestiones delicadas por mensaje de texto no existe, o arreglar situaciones sentimentales por chat es precario de luces, por decirlo de alguna manera. Luego de años de terapia volví a creer en aquello que las vueltas de la vida me había quitado: mi inocencia. Y ser inocente es sinónimo de autenticidad. De nobleza. De sinceridad. Por eso no sé tapar lo que me molesta, me fastidia o sonreír si estoy enojada. 
Fingir es sinónimo de simular, aparentar, representar, suponer, hacer como que, entre otros conceptos. En definitiva es mentir. Una de las cosas que valoro de mis decisiones es haber alejado a quienes fingieron conmigo. Vaya a saber adónde lo aprendieron y por qué en su momento los elegí. Dicen que quienes comparten la vida con nosotros son espejos que pueden arrojarnos una imagen que nos agrade o nos disguste. En fin, aquello que en su momento me hizo mal y no me gustó, hoy ya no está a mi lado.
Creo que el secreto es ese: respetarse. Morirse como uno vivió. Ser coherente. Pelear por lo que uno quiere y hacerse cargo de lo que hace, en todo sentido.

Natalia deja de escribir. Se pierde en sus pensamientos. Quiere llorar, está angustiada, pero logra salir un poco de esa situación pensando en lo cobarde que fue Sergio. Toma agua e intenta relajarse.  Enciende la radio. Ya nada volverá a ser como antes. No hay vuelta atrás, lo sabe. De fondo, como un telón que marca el fin y el comienzo de algo, se escuchan los versos de la canción “El necio”. Natalia canta.

"Para no hacer de mi ícono pedazos,
Para salvarme entre únicos e impares,
Para cederme un lugar en su parnaso,
Para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
Me vienen a convidar a que no pierda,
Me vienen a convidar a indefinirme,
Me vienen a convidar a tanta mierda.
Yo no se lo que es el destino,
Caminando fui lo que fui.
Allá dios, que será divino.
Yo me muero como viví,
Yo me muero como viví"

viernes, 15 de junio de 2012

Efervescencia


Volver a apasionarse a los 33 no es moco de pavo. Al menos para mi y con este rol de madre primeriza que abarca todos mis espacios, es un logro sentir que más allá de mi hijo me siguen movilizando las fibras más íntimas otras cuestiones. Así que me dejé llevar: el miércoles por la tarde me desvestí con cierto temor y me puse las famosas medibachas negras (me reuso a llamarlas “Panty”). Me probé la malla que por suerte me quedó bien, la remera de siempre y un jogging. Comencé a peinarme suavemente mientras los nervios iban expandiéndose desde mi panza hasta los pies. No recordaba cómo se hacía un rodete. Cuando era chica, la maestra se había tomado varios minutos en explicarme que un buen tocado es aquel que por más saltos, piruetas y caídas no se desarma jamás. Esa frase me persiguió durante toda la infancia, y en el afán de querer tener el pelo lacio, de chica me lo estiraba hasta que mis ojos quedaban achinados, lo sujetaba con una tira elástica y procedía así al armado del rodete. Esta vez no lo hice. Creo que ni siquiera me peiné. Agarré el mote de pelo, lo enrulé como pude y terminé el ‘peinado’ con un broche.
La hora se acercaba. Miré al bebé que lo dejaba en manos de su abuela paterna y me dije “vamos, llegás tarde”. Es increíble sentir que adentro tuyo conviven miles de personas. Ganándole a las ganas de quedarme a hacer de madre, me fui a ser bailarina clásica.
Las piernas durísimas y pesadas, los dedos acalambrados, los brazos y panza algo fláccidos, nada impidió que disfrute de mi baile. Ahí estaba de nuevo la pasión a flor de piel. El esfuerzo por recuperar la elongación, el eje en las piruetas, las posiciones elevadas con las piernas, eran apenas lo mínimo que podía hacer entre tanta excitación. Lo demás ni lo pensé. Me entregué por completo a la música y dejé que mi cuerpo hiciera lo que ya sabía desde hace años. En cada paso que me costaba lo escuchaba a mi hijo alentándome a seguir, entonces bailaba para él.
Terminé la clase exhausta pero absolutamente plena.
Al caminar hacia mi casa pensaba en el paso del tiempo y en lo que genera apasionarse con los años. Y recordé aquello que alguna vez leí sobre la militancia de los ’70: "...Confiar como sólo se confía en un compañero/a al que además se respeta, con el/la cual se comparte un objetivo que trasciende lo individual. (…)Saber que cada encuentro podía ser el último antes de una separación quizás definitiva y, simultáneamente, suspender el tiempo y olvidar lo inmediato. Inscribir una huella de placer en cada centímetro de la piel amada, anticipándose (…) era una jugada deslumbrante que no necesitaba ningún aditamento para que la intensidad fuera máxima..."[1]. Quizás les parezca exagerado, pero esa frase me recorre las entrañas cada vez que la leo. Me estremece hasta el último aliento porque considero que eso fue lo que más encandiló a nuestros compañeros de aquella época: la capacidad de manejar el tiempo y la intensidad con una irreverencia adolescente que los hacía tan prepotentes como adorables.
Lógicamente las sensaciones son incomparables, pero el miércoles me sentí un poco prepotente con la vida. Y por supuesto esto es uno de los pilares fundamentales que va a aprender mi bebé Lisandro: a ser irreverente con lo imposible, pasen los años que pasen y cueste lo que cueste.  


[1] Alicia Stolkiner. Psicóloga, especialista en Salud Pública. Profesora Titular regular de Salud Pública/Salud Mental de la Universidad de Buenos Aires y Profesora Titular  del Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús.

martes, 1 de mayo de 2012

Diez consejos útiles para mujeres irresistibles (¿?)


1) Cura vegetal: Tome una berenjena negra y respire hondo. Elévela hacia el cielo y repita en voz alta “Berenjena Ajena, Bergamota rota”. Baile una de Sandro con los ojos cerrados dejando reposar la berenjena en su pecho. Luego ponga el vegetal en una silla y siéntese sobre él haciendo movimientos circulares con su cola. Espere a que suene el teléfono. Recibirá una propuesta sexy. No falla!

2) La dejaron plantada? Tranquila. Hierva dos huevos por el tiempo de 10 minutos. Una vez fríos, pélelos y métaselos enteros en la boca, de lado a lado de sus mejillas. Mírese al espejo y repita incansablemente “Massachussets!” sin romper los huevos ni escupir. Luego tráguelos sin pestañear ni morderlos. Sonría. La vida es hermosa.

3) Si siente que nada le sale como quiere, siga este consejo: Vaya a trabajar con el pantalón que no le abrochó. Coloque a la altura del botón un cartelito de cartulina que diga “Qué mirás? Te debo algo?”. Sacuda las caderas todo el día. Si le preguntan qué le pasa, diga que tiene el culo lleno de preguntas y que se las quiere sacar de encima. Sea feliz.

4) Receta para rejuvenecer el ombligo: Si lo tiene feo y arrugado, úntese la panza con aceite de oliva. Espolvoree con orégano y sal. Coloque tres rodajas de pepino alrededor. Complete con una zanahoria entre las piernas y haga sentadillas. Respire por nariz y exhale por ano. Repetir cinco veces la secuencia durante el día.

5) Todavía no aprendió a manejar? Siga adelante. Quite los espejos retrovisores para no sentirse observada y lleve siempre un cartel que diga “Seguime si podés”. Toque bocina desde que pone primera y utilice las luces de giro solamente para marcar el compás de una canción. Si la putean, salude con el cartelito, siempre sonriendo. Vaya en zigzag. Saque una teta por la ventanilla para dejar sin palabras a quienes la peleen. Diviértase!

6) Noche loca de viernes: Mire 100 veces los videos de Madonna. Baile. Tóquese los pezones. Frótese las nalgas. Ponga en un bol harina, huevos, manteca y azúcar. Bata todo al compás de Vogue. Cocine en horno moderado. Ya sabe hacer y ser una torta estrella. Beba un litro de whisky. Tosa y diga 33. Fúmese un choclo. Disfrute.

7) Relaje su rostro. Lávese la cara con aceite de atún. Coloque en sus ojos dos tapitas de gaseosa y decore sus labios con jugo de remolacha. Deje actuar por una hora. No se enjuague. Camine sensual hasta el cuarto y dígale con vos amable “soy tuya” sin dejar que las tapitas se caigan de sus ojos. Desnúdese.

8) Llegó el invierno! Deje la zona del mentón en libertad. Decore su barba con algodón blanco. Siéntase Mamá Noel. Si la miran raro sonría sin el diente postizo de adelante. Abrácese mientras camina

9) Si tiene gases no disimule más. Ventile la zona con polleras sueltas, camine con ritmo escuchando las palabras que su cola quiere balbucear. Siéntase segura de sí misma. Deje que su totó responda por Ud. Largue una carcajada al viento. Pedorree la vida.

10) Sea compinche de su pareja. Rásquese las bolas imaginarias, eructe y luego orine parada. Mire todos los partidos de futbol de la fecha. Grite “puto, eso fue falta la concha de tu madre!” mientras se rasca la axila. Mantenga todo el día un escarbadientes en la boca. Suéltese el pelo en los entretiempos y pase la lengua por sus labios. Sedúzcalo. No la dejará jamás.