domingo, 6 de junio de 2010

Pensamiento Incómodo -por Mori Ponsowy-

Y si ocurriera que todos aquellos que están entre dos orillas, un poco temerosos y aturdidos por los gritos de quienes pregonan su verdad desde púlpitos incuestionables, fueran mayoría? ¿Qué sucedería si todas las personas que no son ni de derecha ni de izquierda, ni defensoras del capitalismo ni sus detractoras a ultranza, si todas esas personas se dieran cuenta, una tarde cualquiera, que no están tan solas como suelen creer, y que los otros, los que gritan y acusan intimidando desde sus trincheras, en realidad son una minoría que mantiene a todos los otros no sólo en vilo sino, lo que es más triste, sometidos a la irracionalidad de sus caprichos y sus enfrentamientos? ¿Y si algo así fuera posible?
Cuando cursé bachillerato en una escuela de monjas, en Venezuela, muchas de mis compañeras me apartaban señalándome como atea y de izquierda. Cuando después estudié Filosofía en la universidad pública, otros compañeros me tildaron de burguesa... Progresista. De derecha. De izquierda. Oligarca. Gorila. Chavista. ¿Cuántas cosas me han dicho, en cuántos cajoncitos me han querido catalogar, cuántas veces he sentido que no pertenezco a ninguno, que todas esas etiquetas son injustas, además de falsas? ¿No son acaso la vida, la sociedad, la política y, a fin de cuentas, nuestro deambular por la tierra arrastrando esta condición simultánea de animales racionales, bastante más complejos de lo que implica esa costumbre de ametrallar rótulos a diestra y siniestra a toda costa?
La tendencia a clasificar nace del deseo de entender fácilmente a los demás. De hecho, a los niños pequeños se les enseña a hablar enseñándoles los términos generales: pe-rro, le dice la mamá a su bebe, cuando ve un ovejero marrón; pe-rro, le vuelve a decir un rato después cuando ve un dálmata, un labrador o un maltés. Los únicos perros que tienen nombres propios son los de uno: las mascotas que amamos porque forman parte de nuestra familia. Por lo demás, un perro es un perro; un árbol un árbol, sin importar su perfume o la forma de su copa; y una piedra suele ser una anónima piedra con muchísima más frecuencia que un trozo de alabastro, basalto o cuarzo. Que la piedra deje de ser ignota y que un perro se convierta en Cejas, Babones o Corbata, supone que el hablante ha dedicado un tiempo a conocer al ser en cuestión. Suficiente tiempo como para dejar de lado los prejuicios, para notar aquello que lo distingue y lo hace especial entre tantos otros. Es decir: un ser con brillo singular en medio de la perrunez, la arbolidad o la geología.
Y nosotros, ¿qué somos, qué queremos ser? ¿Piedras sin nombre, acaso? ¿Arboles anónimos? ¿Seremos un qué o seremos un alguien? ¿Seremos comunistas, K, anti-K, liberales, castristas, progres? ¿O más bien seremos personas? Personas singulares, con nombre, apellido, y una huella vital distinta a todas las demás. Personas que se niegan a ver su pensamiento reducido a la simplificación y encasillamiento que supone toda ideología, que descreen de los puntos de vista definitivos, de los manifiestos, de las religiones y, en general, de cualquier intento moralizante de poner anteojeras a la libertad del pensamiento.
Ciertamente, descansar en la inmovilidad de cualquier orilla sería más fácil que este constante mover patitas y brazos en el agua para no ahogarnos y que no nos devore la corriente. Pero puestos a decir la verdad, preferimos estar aquí: nuestra esencia es este querer mirar al norte y al sur, al este y al oeste. Ese es el destino que elegimos: la angustia que provoca el pensamiento: la libertad.
Tal vez el mundo esté poblado de apátridas. Quizá la soledad que a veces sentimos sea sólo ilusoria, el resultado de las estruendosas voces de los otros, de su modo de tomar partido y erigirse como poseedores exclusivos, no sólo de la verdad, sino del bien. Hay nombres famosos entre nosotros. Como Max Weber, que no se sentía cómodo en ningún sitio. Como el Bloom de Joyce, a quienes los católicos consideraban judío y los judíos católico, y al que a pesar de su bondad tantos criticaban a sus espaldas. Como muchos que vamos encontrándonos de a poco, y como tantos y tantas otros cuyos nombres desconozco, pero que lo tienen, y bien propio, porque jamás se dejarán arrastrar por la seguridad que da una ideología.
No queremos límites -no aceptamos límites- para pensar, para escribir, para sentir. Nos duele no pertenecer, pero no queremos -¡no podemos!- pagar el precio que significaría comprometer nuestros principios. Nos negamos a ser reducidos a un genérico porque sentimos que eso nos privaría de la riqueza de nuestros matices. Nos convertiría en árboles sin flores, ni perfume. Nos limitaría. Nos empobrecería.
Somos incómodos. Sí. Pensamos. Nos esforzamos por discernir. Hacemos lo posible por no culpar, ni absolver, livianamente. Y en la incomodidad que provoca todo pensamiento radica nuestro pecado, nuestra maldición y nuestro orgullo.
revista@lanacion.com.ar

La autora es escritora

miércoles, 24 de octubre de 2007

Carta del Che a sus hijos...


A mis hijos:

Queridos Hildita, Aleida, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre ustedes.Casi no se acordarán de mí y los dos más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa, y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.

Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza.

Acuérdense de que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Hasta siempre, hijitos, espero verlos todavía.

Un beso grande y un gran abrazo de
Papá...

En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

Me encontré con este texto de casualidad y para variar me acordé de vos. Tal vez estemos atravesando momentos más que difíciles por el peso que tienen las vivencias que hoy se nos presentan a cada uno de nosotros. Nuestra sensibilidad nos hace únicos, y sería buenísimo que nos haga inseparables. Ante la adversidad, considero que nos tenemos que hacer más fuertes, y como siempre decís, “cerrar filas entre nosotros”.

No quiero que me duelas. Sólo necesito que me tomes de la mano para seguir adelante.

Estoy.

Ya lo sabés.

Imagen: WEB

jueves, 27 de septiembre de 2007

Aprender


La vida se encargó de darme las cachetadas necesarias como para que creciera de una buena vez. El destino se dio el gusto de burlarse de mí lo suficiente y, cuando se sentó a mi lado, advirtió: "tus días serán extremadamente ciclotímicos como para que no te aburras, te desorientes y necesites volver a empezar todo el tiempo, pero te puedo asegurar que tus instantes de felicidad serán inolvidables, e incomparables con lo que puedas imaginarte". Así fue.

Soy una mujer frágil que no lo aparenta, e intento vivir mi presente como si fuera el último... arrebatada y exagerada con mis pasiones, camino tratando de llenar mis pulmones de aire puro para no ahogarme con la angustia que, insolente, me asalta cuando se le da la gana. No por mi, sino por la prepotencia de quienes se empeñan en oscurecer lo que siento.

RESPETO... eso me dejó la vida. Aprendí lo que es el respeto. Me enseñó a caminar sobre el fuego, a quemarme, a lastimarme, y a pesar de todo, me explicó que no odiara porque me llenaría de resentemientos, de cáncer... Me hizo llorar hasta secarme por dentro, hasta sentir que no había más trapos para escurrir en mi estómago, pero a su vez me dio de beber del más dulce de los besos que alguna vez soñé, y me hizo enamorar.

Respeto por las personas que amé. Respeto por el hombre que hoy está a mi lado. No me arrepiento de ser así, aunque no pueda evitar sufrir por las injusticias que me rodean. Tal vez deba aprender a ser más audaz, menos sensible e inocente, INDIFERENTE con el resto del mundo. No creo poder hacerlo...

Alguna vez me sentí menos que alguien... Un alguien que tenía forma de mujer, otros rasgos... Ella y yo, distintas... Cometí el error de compararme para saber el por qué de las cosas. Y en medio de una depresión que me estaba consumiendo, un amigo me abrazó y me dijo: "ABSOLUTAMENTE NADIE PUEDE COMPARARSE CON VOS. NO ES AL REVÉS. NO TE COMPARES PORQUE VOS SOS EL PARÁMETRO. CREEME, VOS SOS LA MUJER". No le creí, pero esas palabras me devolvieron la sonrisa. A partir de ahí me paré, arreglé mi cabello y continué mi camino.

Ayer me pasó lo mismo. Caí en la comparación cobarde. Con la garganta cerrada, me quedé una hora en el baño tratando de expirar la furia que me invadía. Lloré con la fuerza de una criatura, golpeé mis puños contra la pared... y recordé aquella frase... Mi hombre dormía... o tal vez no. Poco importaba en ése momento. Éramos ella y yo de nuevo. Una vez más enfrentadas en mi imaginario. Sin golpes, pero peleando por mi autoestima, esa que me robó hace 7 años por pura debilidad. Entonces, en el momento más álgido de la bronca, alcé mi vista y me miré al espejo. Sequé mis lágrimas. Acomodé mi cabello y sonreí.

"Mi amor, te pasa algo" escuché. "No, ya me acuesto". Respiré hondo y sentí que había ganado.

Gané mi pelea. Pero el terror de perder, de verlo partir, todavía lo llevo conmigo... y duele tanto...

Imagen: WEB

martes, 25 de septiembre de 2007

Viles estructuras...

Calles que chocan en aparente oscuridad,
Que silencian verdades inconscientes,
Que reprimen y subyugan nuestra mente
A un estado elevado de crueldad.
Y la culpa no se oculta, incandescente,
Se retuerce con el filo del destino.
Enemiga la elección, fue mal camino
El andado hasta ahora asiduamente.
Solo un haz de luz que me refleje,
Solo eso y enloquecen mis sentidos.
Lo sincero desordena lo vivido
Que tenía encarcelado a mi presente.
Solitario el corazón cuando se siente
Confundido al bifurcarse la salida.
Se acelera hasta ver sangrar la herida
De la lucha caprichosa e insolente.
Nadie gana en realidad, solo mentiras
Que se imponen devolviendo al cuerpo calma.
Pero en un segundo que se aquieta el alma
Duele ver que la verdad está perdida.

martes, 11 de septiembre de 2007

Resulta fácil...

Alguna vez le escribí:

"Me enseñaste que no es bueno que el olvido se nos torne habitual en el camino si la memoria nunca estará en calma... Me enseñaste que tu amor me llena el alma, y si el tiempo nos sumerge en la distancia lucharemos separados pero unidos"...

Recuerdo que le regalé estos versos un 11 de septiembre de 2001 sin saber qué sería de nuestro futuro.

Hoy, a seis años de aquella historia, me resulta fácil aprender a sobrevivir diariamente porque estoy a su lado de nuevo... Ver como puedo pelear con la realidad que aplasta cualquier intento de respirar aire puro, de remover la tierra para que broten hojas nuevas; discutir con el mundo con la necedad de quien desea vivir en lo que alguna vez se llamó "utopía"... reinventar lugares, espacios, personas, sueños...

De su mano siento que puedo hacer esto y mucho más. La mayoría de la gente que lo conoce comparte lo que pienso, pero no lo dice... Y yo, celosa, con miedo, aguerrida y protectora, lo abrigo a cada instante... Ahí es cuando nada me importa.

Hoy sigo siendo su eterna compañera de lucha. Decidí estar al lado del hombre más maravilloso que pude haber conocido, tan lleno de ternura como de fuerza. Contradictorio, sí, pero adorable en cada discusión aunque uno no se proponga quererlo. Con errores como cualquier ser humano, pero con la nobleza de reconocerlos a tiempo... a su tiempo, ése que va al revés del que marcan los relojes de la burguesía, los mismos que usa con ironía y sin quejas. Así vive, y trata de ser feliz con cada elección que realiza.

Ése hombre es el que amo... es el que me enseña a tener paciencia a pesar de mis impulsos, a sonreir a pesar de las broncas y a no "comerme" por los nervios.

...Gracias por dejarte amar al menos de a ratitos... y feliz día.

Hasta la victoria siempre.

Imagen: WEB

lunes, 3 de septiembre de 2007

Amar y Envejecer II

Ya no me encuentro preguntando sobre amor;
por fin no hay nada que pretenda no saber,
Entiendo que no hay relación entre amar y envejecer .
Ya no me encuentro preguntando como dar;
por fin comparto, por el miedo de perder,
el milagro de tus caricias llegando el amanecer.

Ya no me puedo contestar un “yo que sé?”,
p
or fin entiendo que en tus redes yo caí.
Ya no me encuentro preguntándome un “por qué?”.
Por fin entiendo de una vez el porque sí.
Porque te vi, te deje entrar, cerré la puerta y te elegí.

Porque esos dos faroles pueden hacer
que si estoy fané, las pequeñas cosas
se bañen del brillo de tu ternura
que transmitís cuando me mirás.
Hoy puedo entender que te gusta el té,
que odias el café, que no querés rosas,
que a pesar del vértigo no hay altura
que impida que me saque el disfraz.

Tirando a matar, dándonos changüí,
puro razonar, puro frenesí.
Se escribe así nuestra historia,
que funcione o no, que esté bien o mal,
vivirlo con vos para mi es la gloria.
Sin escatimar, sin darnos de más,
sin acelerar, sin tirar pa’ atrás.
Siempre fue así nuestro asunto;
le falta de acá, le sobra de allá,
retocándolo, pero siempre juntos.

Ya no le temo a ese cagón que habita en mi,
ni a sus ataques tontos de furia precoz;
distingo excusa y resultado,
y ahora elijo estar con vos.
Ya no me encuentro figurando en el veraz,
por fin no debo más de lo que va a venir;
pago el precio de tenerte, darte amor y ser felíz.

Ya no me puedo contestar un “yo que sé?”,
por fin entiendo que en tus redes yo caí.
ya no me encuentro preguntándome un “por qué?”
Por fin entiendo de una vez el porque sí.
Porque te vi, te deje entrar, cerré la puerta y te elegí.

Porque me es imposible imaginar
agonía más cruel, más aterradora
que tu alma y mi alma alejándose;
Uno arriba del tren y otro en la estación.
En los momentos en los que quiero escapar
De mi propia piel, vos sos mi doctora;
con tu panza y mi panza rozándose
no hay poeta que no haga una canción.

Tirando a matar, dándonos changüí,
puro razonar, puro frenesí.
Se escribe así nuestra historia,
que funcione o no, que esté bien o mal,
vivirlo con vos para mi es la gloria.
Sin escatimar, sin darnos de más,
sin acelerar, sin tirar pa’ atrás.
Siempre fue así nuestro asunto;
le falta de acá, le sobra de allá,
retocándolo, pero siempre juntos.

Piti Fernández - Las Pastillas del Abuelo
Imagen: WEB

jueves, 30 de agosto de 2007

Gestos...

Los gestos suelen esconderse detrás de un detalle ínfimo que muchas veces pasa desapercibido por delante de nuestros ojos. No los vemos porque naturalizamos los ambientes, nos acostumbramos a la rutina cotidiana, y cuando algo ínfimo rompe con la metodicidad diaria no nos sorprende porque lo absorbemos en nuestro automatismo. Ironías de la vida.

Una caricia, un elogio, mínimas cuestiones pueden engrandecer el alma. Una flor puede darnos la paz que siempre buscamos. Un beso es capaz de generar tanta ternura… esa que no se deja describir por inaprensible, pero que se hace sentir a través un rastro casi inolvidable.

Así vive ella. Procura regalarle cada instante de su vida porque lo ama… lo ama con la profundidad que jamás se haya conocido entre la raza humana: algo indescriptible por lo grandioso e increíble por lo incondicional. Prepara la cena todas las noches como si estuviera en presencia de un ritual sagrado… “que no falte nada”, piensa. Feliz de condimentar sus horas con delicias para el amor de su vida, espera que la puerta del departamento se abra y aparezca él con una sonrisa.

La espera en su historia ha sido una constante que nunca logró cansarla. Y digo que así vive porque aguarda un gesto que la haga sentir mujer nuevamente. Desea… Se impacienta y vuelve a empezar. Espera salir del trabajo y verlo a él en la vereda de enfrente, ansioso por abrazarla y ahuyentar la energía negativa que la opacó durante la jornada laboral.

Espera una caricia que descubra su anatomía, desafiando las leyes de la memoria, aquellas que siempre nos terminan apresando en lo mecánico, en la inercia de los acontecimientos, en el "ya te conozco".

Ruega que su hombre le devuelva el beso de cada mañana, ése que ella le da sin que se despierte. Se hunde en sus mejillas, respira su perfume y sueña que se acurruca entre los pliegos de su piel, en su cara, para mecerse cada vez que ría…

Gestos que le hagan cosquillas. Eso quiere… Disfrutar de la felicidad por estar enamorada. Escuchar un te quiero que la sorprenda y le quite las ganas de dormir. Llorar, pero de emoción.

Quiere sólo un gesto… para renovar su amor y seguir en la eterna complicidad que la une a él.

Imagen: WEB

viernes, 17 de agosto de 2007

En ausencia de besos

El pedido se transforma en súplica y en muchas oportunidades salpica de incertidumbres mi presente. Entonces decido callar, masticar la bronca que me aprieta la garganta y secar mis lágrimas antes de que broten a la luz. Con vos a mi lado, feliz de poder verte sonreir cada mañana al despertarme, o de observarte caminar por la casa... una vez más llena de tu cuerpo, tus manías y actitudes, pero en ausencia de besos. Arisco por naturaleza, a veces no creo que lo seas sino que lo aparentes... por qué conmigo entonces?

No pido más que un beso para curar las heridas que arrastré durante años, para aquietar los movimientos bruscos de una soledad que acecha a cada paso que damos, que quiere dar el manotazo y quedarse con alguno de nosotros... un beso que me endulce los labios y entibie mis pies en las noches. Que me acaricie el pelo mientras duermo y vele por mis sueños. Que me abrigue, me alimente, me de fuerzas para caminar, energías para correr, calma para pensar y pasión para seguir enamorándome de vos.

Hoy leí en Página 12 un artículo sobre la importancia de los besos y su relación con el amor. Cómo explicarte lo anacrónica que me siento por ser tan romántica. En el texto citan un verso de Neruda que me atravesó por completo: "En un beso sabrás todo lo que he callado"... ni siquiera me das la oportunidad de transmitir sólo una milésima parte de lo que te amo. No me dejás actuar, me anulás los movimientos con un abrazo y aún así, me hacés estremecer.

Sólo necesito dejar de estrangular lo que siento. No te imaginás lo increíble que es para mi perderme entre tus labios... Ojalá puedas comprenderme.

Imagen: WEB

jueves, 19 de julio de 2007

...

Lo suave se torna áspero cada vez que intento comprender tus actitudes. Ya no pregunto si te voy a ver, sino cuándo será el día que me recibas con una sonrisa, un fuerte abrazo y un beso inolvidable que me haga perder entre tus labios. No pido nada más que eso.
Una vez dijiste que la mujer de tu vida debía tener cinco características: novia, amante, amiga, madre y compañera... No sé si hoy voy a poder decirte lo mucho que te quiero por ser mi amigo, además de ser la persona que me gustaría encontrar cada mañana a mi lado, al abrir los ojos. Que el destino no me prive de tu presencia al menos unos minutos...