martes, 19 de junio de 2007

Mi pasión a tu lado


... "La supervivencia es la vida más allá de la vida, la vida más que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mortífero; al contrario, es la afirmación de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir a la muerte, pues la supervivencia no es sólo lo que queda: es la vida más intensa posible..." (Jacques Derrida, "Aprender a vivir" Entrevista con Jean Birnbaum)

Porque con cada gesto tuyo de indiferencia muero y me obligo a renacer constantemente. De la única manera que puedo descansar es durmiendo a tu lado. De ahí la intensidad de mi pasión, la inexplicable reinvención de lo que siento.

Imagen: WEB

lunes, 11 de junio de 2007

Contradicciones


Con el último rasguño de ira te amo.
Porque tu mirada, aunque insolente, me enciende
Hasta estremecer mis manos frías.
Insolente por haber mirado paisajes sin mí.
Desafiante también por haberme desnudado el alma.
Entre el odio y la desesperación te respiro,
Entre atisbos asmáticos me arriesgo al retorno.
Me cuesta mantener la calma.
Con los pulmones vacíos por correr hasta tu sombra,
Lavo mis mejillas con caricias de nuestros recuerdos.
Ahora ya no me hundo, es tu risa la que me salva.
Refugiada en el tiempo, artífice que muta fantasmas
Y provoca incendios en pantanos húmedos,
Descubrí los recovecos de tu piel proscripta
Mientras tus dedos escribían los límites de mi cuerpo.
Entonces incendiamos nuestra historia,
Reinventamos los instantes esquivando el barro.
Pero por haber acumulado vivencias que aún me hieren,
No tanto por crueles sino por egocéntricas,
Por ser tan caprichosamente tuyas y no compartidas,
Cultivo inseguridades alrededor de tus besos.
Y me angustio. Me castigo.
Contradigo a mi pasión al saberte de memoria.
Por eso la bronca escoltada por mi obstinada ternura,
La incondicionalidad irracional y los abrazos.
Por resignarme a ser tuya para siempre
Aún en la más absurda locura.
Imagen: WEB

viernes, 8 de junio de 2007

Casualidades retóricas...


"Es también nuestra intención erradicar la corrupción, ofreciendo como norma la honestidad, la idoneidad y la eficiencia. Con madurez y sentido de unidad es fácil pensar en la recomposición del ser argentino. Ese ser argentino, basado en madurez y en sentido de unidad, permitirá inspirar para elevarnos por encima de la miseria que la antinomia nos ha planteado, para dejar, de una vez por todas, ese ser "anti" y ser, de una vez por todas, 'pro': 'Pro argentinos' "

Jorge Rafael Videla para el 25 de mayo de 1976.

Fe de Erratas


Donde dice "mi cielo"
debiera decir "no me alcanza".
Cuando digo "te espero",
que conste, te pido revancha.
Donde dice "certezas",
debería decir "disparates".
Debiera decir "flor de idiota"
si juro "jamases".
Donde fui un mamarracho
debería haber sido una sombra.
Cuando era más joven debiera haber sido más cosas.
Donde digo "hasta siempre",
debería decir "ya veremos".
Cuando muero por vos
debería morirme de viejo.
Porque a veces me escucho
y hay veces que me doy la espalda,
y es por eso que pongo en la mesa esta fe de erratas
de mi corazón.
Debiera decir "cobardía"
donde digo "por las dudas".
Cuando soy un cretino
debiera serlo sin mayúsculas.
Cuando pido "socorro",
debería decir "no me quejo".
Donde empiezan tus piernas
debieran quedarse mis besos.
Cuando juego a perderte,
debería perder sin excusas.
Debería decir "¿para qué?"
cuando digo "me sobra".
Donde pido "olvidáme",
debería aclarar "no es urgente".
Cuando digo "futuro"
debiera avisar "no me corras".
Lo que sueñan mis sueños
a veces lo embarran mis ganas,
y es por eso que pongo en la mesa esta fe de erratas
de mi corazón.
Porque a veces me escucho
y hay veces que me doy la espalda,
y es por eso que pongo en la mesa esta fe de erratas
de mi corazón.

Ivan Noble
Imagen: WEB

miércoles, 30 de mayo de 2007

El día que un café me regaló un instante…

"Las utopías permiten las fábulas y los discursos se encuentran en el filo recto del lenguaje"
(Michael Foucault, 1999)

Salí del trabajo angustiada. No me importaba nada: ni la gente que me pasaba por al lado, ni el aumento de sueldo que nunca llegó, el frío o los semáforos. Caminaba. Sólo eso. Y abrigada hasta la nariz proyectaba la película de una historia sin final, o con un desenlace demasiado enroscado como para asumirlo.

Un paso, una caricia. Otro paso, un abrazo. Al doblar la esquina, una postal de ambos en Gesell. Ésas y otras imágenes me recorrían el cuerpo insolentes, caprichosas, sin permitirme un resguardo en mi memoria, y provocándome bronca en cada suspiro. Me surcaban la piel mientras el frío de la calle se encargaba de maldecirme por estar con tanta ropa, y soplaba cada vez un poquito más fuerte.

Entré en el primer bar que ví con pocas esperanzas de satisfacer mi hambre. No tenía casi dinero en la billetera. “Fin de mes mata” pensé, y pedí un cafecito, así, en diminutivo, como dando lástima… o dándome lástima. Estaba muy enojada con mis impulsos y la puta manía de extrañarte, que ya me ahogaba. Logré mirarme desde otra perspectiva y no podía tolerar más lágrimas. Como pude sequé mis mejillas y me reté mentalmente. Cuando fui a lanzarme sobre el café recién dejado en la mesa, la mano de un hombre tomó repentinamente la mía mientras se escuchaba una voz cálida que me decía “¿por quién lloran esos ojos? No vale la pena apagar el brillo de una mirada tan linda con tanta tristeza”.

Era el mozo, que ni bien terminó de decir esto me soltó y se alejó con una sonrisa seductora en los labios. Yo quedé absorta. Lo miré, bajé la vista y comencé a sudar por la vergüenza de mi transparencia, y el piropo del tipo. Tomé el café casi sin bajar la taza, dejé el dinero justo de lo que valía mi consumición y me fui sigilosa, sin hacer ruido. No quería mirarlo. Ni lo saludé. Hacía mucho tiempo que alguien no reparaba en mis ojos. Eso me quedó titilando en el cerebro. Un hombre cualquiera que se dedicó a enaltecer la desestrozada imagen arrojada por una mujer con el rimmel corrido y el gesto desfigurado por añorar algo que no fue. Así estaba yo... pero según el mozo, con "una mirada tan linda"...

Volví al frío y en mi cabeza ya no daban la misma película de siempre. Era otra, una que transcurría en un bar donde la protagonista se cruzaba con un insolente tipo que sin querer, le regalaba con su irreverencia un instante de feminidad admirada, un rubor adolescente difícil de encontrar en estos tiempos.

De tanto pensar, milagrosamente no me dí cuenta de la baja temperatura que azotaba a Buenos Aires en aquel momento. Seguí caminando sin sentir la térmica en los huesos. Esa vez el frío no me hizo nada. Y entonces por fin comencé a reír.


Imagen: WEB

lunes, 21 de mayo de 2007

Extrañar

Jode descubrir esta vulnerabilidad que me hace frágil ante cualquier ventarrón del pasado que se active por puro capricho cotidiano. No me sostengo, por el contrario, dejo que mi cuerpo caiga en el vacío de esta cretina memoria, tan persuasiva e irrespetuosa como de costumbre.

Memoria que me asalta insolente en cualquier lugar, con todos y con nadie, que repite los versos de una canción obsesiva por convencerme de que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Memoria que me grita al oído hasta volverme loca y luego desaparece como por arte de magia...

Claro que no vuelve todo a la normalidad cuando esto ocurre. Mi mente trata ordenar los recuerdos removidos para acomodarlos otra vez en el sitio indicado pero, sigilosamente, cada uno de ellos susurra tu nombre, estremece mis sentidos, niega tu ausencia, a tal punto de que nunca se llega a reestablecer la paz en mí.

Y pienso... cada día que muere es un poco más pesado, y las vivencias son cargas demasiado difíciles de sobrellevar en su mayoría. Uno quiere aprender de ellas, pero con el correr de los años me convencí de que ante la debilidad, cualquier error es posible. Me refiero a esa debilidad que se disfraza de abrigo y me abraza con tu perfume. Que a veces se calza tu sonrisa y me despierta del mal sueño en el que vivo... entonces te siento cerca, sólo en aquella nebulosa imaginaria.

Debilidad que tiene como aliada a la memoria, que me deja autoengañar mientras creo haber enterrado nuestras caricias, y que cuando menos lo espero, me antepone los recuerdos caprichosos de todo lo que viví y me hizo caer en este amor rengo.

Traicionera. Cobarde.

Así continúo el camino... sin vos.

Lo único que sabía vencer era el cansancio, aunque ahora me encuentre presa de sus garras... subyugada a él.

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Octubre de 2002

viernes, 18 de mayo de 2007

HIPÓCRITAS


¿Quién se acuerda de López?
A 8 meses, nadie te nombra...
Nadie toma en cuenta la burla, la farsa del poder.
Indigestada de mentiras, vomito promesas huecas.
Que alguien me explique.
Que alguien te tenga presente...
Que puedas hacerte verbo para dejar de ocupar el lugar de significación, hoy mediocre y
bastardeado por muchos desmemoriados, del sustantivo desaparecido.
Que la verdad no se compre en una esquina.
Que no seas sólo una remera de moda para usar en cada marcha que surja.
Que la sociedad toda te grite.
Que aparezcas...

Ausente


Lejos suelo estar, aún estando cerca.
La vacuidad transgrede mis sentidos
Y hace añicos a la espera que enloquece.
Lejos suelo estar, aún en compañía.
Una amenaza de abrazo es un castigo
Que se pierde en un fraseo inútil
Y me reduce al agobio de mi mente.
Hastiada de vivir en la agonía, respiro.
Lejos suelo estar, aún estando sola.
Sigo sin mirar, en esta lucha terca
Que fatiga sentimientos escondidos.
Suelo hundirme en miedos insolentes
Y rasguño, peleo: hipócrita memoria.
Nostalgias de un pasado que brota
Asalta mi presente, persistente.
Solitaria la razón que no se aquieta,
Susurra una canción que me emociona.
Certidumbre de fusiones entre penas
Y reclamos de tenerte conmigo.
Lejos se sufren más las depresiones.
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miércoles, 16 de mayo de 2007

Anarquismos...


La furia de sus manos es quien golpea
Paredes de recuerdos guardados sin sentido.
Entre abrazos se dirime la sonrisa del después,
Y en un segundo la bronca atrapa los silencios
Hastiados de reproches al destino.
Nunca supieron caminar solos
Porque les pesa la mediocridad del ayer,
Y entre ellos se gesta la vacuna sensual de la pasión
Que los conduce a la insolencia enajenada.
Asesinos inmorales de lo preestablecido,
Anarquistas del desamor por elección,
Se embriagan con el vino de aquellos besos
Que alguna vez mataron sus palabras.
Se entrelazan en un halo de preguntas
Que la culpa recoge entre las sábanas
Y la historia se recicla sin permiso
Mientras ellos deciden sellarse en el adiós.
Escapan de los fantasmas abismales
Que alucinan en noches condenadas
Al consuelo mutuo, que desangra soledades
Y desata los nudos absurdos de la confusión.
Se despiden de un comienzo inexistente,
Muertos que respiran ilusiones,
Sobreviven a los gemidos de sus cuerpos
Y aún saben que el encuentro es inminente.


Yo, en una tarde cualquiera... en aquella tarde.
Imagen: WEB

martes, 8 de mayo de 2007

Para no olvidar...



"Tu proscripción en mi vida se vio sacudida ayer por tu llegada, aunque parezca contradictoria la crónica, tras una larga estadía vaya a saber donde. El arribo cuasi impensado se fue anunciando sobre la marcha… y pasó Ezeiza en mi cuerpo… Ezeiza del ’73… una masacre de estructuras, defensas, argumentos y seguridades se extendió sobre las sábanas; cadáveres de mí, de la que armé".




Fragmento del texto "Ezeiza" - Noviembre 2006
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