
Lo miré sin que se diera cuenta. Un gesto bastó para despertarme la misma ternura que suelo esconder cuando te veo dormir, esa que brota desde mis entrañas y quiere abrazarte contra mi pecho para siempre. Pero esta vez no fue tu presencia la provocadora.
Con el pelo desacomodado por su postura, las manos cansadas de reposar sobre la cama, las piernas temerosas por volver a caminar y el inagotable deseo de VIVIR, me pidió que te cuidara. "Hacelo descansar por favor", susurró tu papá cuando te fuiste a preguntar por el suero que colgaba de su brazo a la enfermera del sanatorio.
Entonces nos quedamos él y yo a solas, en la inmensidad del silencio que rebotaba hasta hacerme estremecer por la estrechez de la habitación. Ni bien terminó de pronunciar esas palabras le prometí que lo haría. Mirándome con la historia de su vida entre las manos, me sonrió con el mismo gesto que descubrí en vos un día cualquiera, ya no importa cuándo.
Un gesto plagado de suspiros por una carga que no fue, por una culpa que murió y ese dejo de melancolía extraño que ambos ocultan en el alma, vaya a saber por qué.
Tu viejo. Simplemente quería escribirle a tu papá. Porque un 12 de marzo de 2008 volvió a nacer dejando atrás cualquier sospecha de debilidad. Para vos... y para todos nosotros.
Imagen: WEB
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1 comentarios:
No pude evitar que mis lágrimas caigan sobre el teclado ajeno. No pude evitar que una agustia recorra mi cuerpo. Me acuerdo cuando pasamos casi un mes y medio de incertidumbres.
La emoción inmensa, apenas me deje escribir. La emociòn me envuelve una y otra vez, tus palabras son demoledoras. Me desarman pero me vuelven a armar...
Con lo poquito que me queda, solo me alcanza para responder y agradecer tu relato.
De nuevo, gracias por esta escritura a mi viejo, mi querido viejo.
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