A veces suelo enojarme bastante. Los insultos me golpean la boca porque quieren salir y no los dejo... capricho, sí...
Me enojo con tu modo de vida, tus manos y tu seductora forma de mirar. Me molestan tus caricias por despertar mis instintos más salvajes. Me jode no tener el control sobre mí cuando estás a mi lado.
Y tu ternura sigilosa me baña las caderas hasta desparramar por todo mi cuerpo las gotas de un amor que para mí es inexplicable. Subyugada por tus labios, deliro con cada latido de tu corazón. Entonces reprimo mi voz que te grita en silencio, desde hace años, miles de por qué y millones de hasta dónde seguirte.
Ahora me vuelvo a enojar, no porque no estés aquí, sino por tu insistente manera de quedarte conmigo, en mi mente, acurrucado, y generándome cada vez más ganas de abrazarte… ¡¿Puede ser posible tanta insolencia?!
...Si no te amara tanto... si no te amara tanto no me sentiría tan mujer...
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